Luis Bruno destaca la importancia de las torres en altura como innovadoras formas de exhibición

Según el exdecano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UBA, el mercado inmobiliario hace foco en maximizar la renta, incluso a costa de violentar las reglas. Los megaedificios que dificultan la vida en la calle, proyectan sombras y generan vientos.

Luis Bruno destaca la importancia de las torres en altura como innovadoras formas de exhibición

Luis Bruno: “Las torres en altura son una nueva forma de exhibición”

Según el exdecano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UBA, el mercado inmobiliario hace foco en maximizar la renta, incluso a costa de violentar las reglas. Los megaedificios que dificultan la vida en la calle, proyectan sombras y generan vientos, son parte de un fenómeno que merece ser analizado.

Las torres del barrio de Puerto Madero han suscitado diversas opiniones. En mayo pasado, leí en la edición de ARQ una nota sobre dos torres a 45° en la Avenida del Libertador, a la altura de Núñez, donde los megaedificios están afectando negativamente la vida urbana. Recordé una publicación de 1977 sobre la inauguración de la Torre Buenos Aires en la Avenida de Mayo, un edificio cuestionado cuyo título decía simplemente: “En la avenida, una torre”.

En una presentación sobre las virtudes de adoptar un código morfológico para Buenos Aires, escuché a un ex Jefe de Gobierno afirmar que las torres eran una crueldad para con la vida urbana. Sin embargo, lo que ocurre con las torres en la ciudad se ha ido agravando por la “financiarización” del mercado inmobiliario, que solo busca maximizar la renta, a costa de la calidad de vida urbana.

Funcionarios débiles y organismos públicos infiltrados por grupos de poder han permitido que las torres se multipliquen en los sectores más codiciados de la ciudad. Las torres de Libertador son solo un ejemplo de esto. Estas construcciones están fuera de escala, desintegradas de la trama urbana y afectan negativamente el barrio, proyectando sombras sobre una cuadra completa de la calle Arribeños.

¿Cuánto aportan las torres a la vida urbana?

Es fundamental reflexionar sobre cuántos beneficios aportan realmente estos edificios. Como les digo a los estudiantes en la facultad: si les toca proyectar una, háganlo del mejor modo posible. Sin embargo, es necesario preguntarse qué ciudad deseamos construir colectivamente.

La altura no es una necesidad, se ha transformado en una forma de exhibición. Durante siglos, las mejores ciudades se construyeron compartiendo una morfología común. La tecnología ha promovido la ambición por la altura como símbolo de poder, ya sea corporativo o residencial.

Es razonable que las viviendas de unos pocos sobresalgan sobre las de todos los demás? Tal vez sea hora de crear un impuesto de altura: un tributo progresivo para que quienes disfrutan de ese privilegio compensen a la comunidad que lo sostiene.

Los megaedificios buscan los lugares vitales de la ciudad que la sociedad tardó años en construir. A menudo, su entorno se convierte en un lugar inhóspito, donde el “ballet de la calle” que describe Jane Jacobs desaparece tras muros y perímetros de seguridad.

La experiencia del transeúnte

Caminar junto a las torres suele ser una experiencia incómoda. Un viento moderado puede transformarse en una verdadera tormenta al pie de esos edificios. La experiencia peatonal en la zona de Catalinas o entre las torres de Puerto Madero es un claro ejemplo de este fenómeno.

Cuando se habla de impacto ambiental, es crucial incluir estudios rigurosos para evaluar estos efectos sobre el espacio público. La sombra proyectada por las torres es otro impacto ambiental crítico, especialmente cuando afecta espacios como plazas y parques.

Los beneficios privados tienen consecuencias colectivas. La plaza República del Perú, junto al Malba, es un buen ejemplo: el edificio de diez plantas de la esquina de Salguero y Alcorta no le tapa el sol, mientras que las torres al norte sí lo hacen en invierno.

Limitar la unificación de parcelas

Es necesario limitar la unificación de parcelas en la ciudad. No solo es una cuestión morfológica, sino económica y política. ¿Qué modelo de desarrollo urbano genera mayores beneficios sociales? Si una manzana puede albergar decenas de parcelas, es preferible que todas se concentren en una única operación inmobiliaria, o fomentar el trabajo de múltiples desarrolladores y estudios de arquitectura.

Visitar ciudades como Múnich me hizo reflexionar sobre la importancia de que las construcciones compartan una altura adecuada, creando un marco amigable para el espacio público. Con las torres, sin embargo, ocurre lo contrario: se desinteresan de la ciudad y, en su búsqueda de singularidad, muchas envejecen rápidamente y se convierten en meras noticias de otra época.

Para profundizar en este análisis, podés acceder a la nota original.

Fuente: Redacción Clarín

Comentarios