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Calcular el costo solo por metro cuadrado, cambiar el proyecto durante la obra o ahorrar en impermeabilización son algunos de los errores más frecuentes. Especialistas explican cómo evitarlos y por qué pueden aumentar el presupuesto.
El regreso del crédito hipotecario y una mayor estabilidad en los costos de la construcción han vuelto a poner el sueño de la casa propia entre los proyectos de muchas familias. Sin embargo, quienes deciden construir desde cero suelen enfrentarse a un problema recurrente: arrancar la obra sin una planificación integral puede derivar en sobrecostos que eleven el presupuesto final entre un 25% y un 40%.
Los especialistas coinciden en que el error más frecuente es pensar únicamente en el valor del metro cuadrado y dejar de lado gastos que aparecen a medida que avanza la obra.
Tomar como referencia un valor promedio por metro cuadrado es útil para obtener una primera aproximación, pero está lejos de reflejar la inversión total.
“Hoy es un mejor momento porque hay un panorama macroeconómico mucho más claro, los valores ya se consolidaron y se flexibilizaron los planes de financiación”, analiza Matías Chirom, CEO de Baigun Realty. Sin embargo, advierte que antes de iniciar el proyecto es fundamental calcular el costo completo y asegurarse de poder afrontar todas las etapas de la obra.
Basar el presupuesto solo en el m2 choca con costos indirectos. Según Horacio Ludigliani, director de Grupo Ludigliani, el valor del m2 suele contemplar únicamente la construcción básica. “Después aparecen otros costos: honorarios, permisos y terminaciones“, sostiene y estima que el metro ronda entre US$ 900 y 1.050 en una vivienda económica, y desde US$ 1.500 en adelante en una premium, pero que la falta de planificación puede encarecer la obra entre un 25 y un 40%.
La arquitecta Lucía Schimied, coordinadora del INCOSE, agrega que una planificación adecuada también permite optimizar los tiempos de obra y reducir imprevistos, especialmente en sistemas constructivos industrializados. “Pensar en los costos directos e indirectos como fijos lleva a un error básico: muchos de los costos más importantes se producen hacia el final de obra.” Para la especialista, el Steel framing, sistema de construcción en seco industrializado, reduce este error al generar obras que duran el 30% de lo que sería la obra húmeda equivalente, advierte.
Desde la AAPE (Asociación Argentina del Poliestireno Expandido) coinciden en que basarse en el m2 ignora gastos como estudios de suelo, seguros de obra, permisos municipales, conexiones a servicios, honorarios profesionales y la inversión en aislación térmica.
Planificar cada etapa de la obra ayuda a evitar gastos imprevistos.
Otro de los errores habituales es avanzar sin tener todas las decisiones definidas. Cada modificación implica demoliciones, materiales adicionales y más horas de trabajo.
“Es muy común que aparezcan gastos no contemplados por resolver detalles sobre la marcha o realizar cambios durante la obra. Siempre tienen consecuencias económicas y también de tiempos”, afirma Nicolás Degano, director de la Unidad Eidico Vivienda.
“Modificar un plano o cambiar un revestimiento cuesta entre tres y cinco veces más que si se hubiera definido durante el proyecto original. Romper cuesta el triple”, ejemplifica Lucas Álvarez, marketing manager de Mapei Argentina. Ludigliani coincide: “Mover una pared, cambiar un baño o reemplazar revestimientos ya comprados implica demoler, volver a construir y sumar mano de obra.”
Otro aspecto que suele quedar fuera del presupuesto inicial es el estudio de suelo. Aunque representa menos del 0,5% del costo de la obra, omitirlo puede provocar asentamientos y problemas estructurales cuya reparación resulta mucho más costosa, advierte Álvarez.
Impermeabilización, aislación térmica y calidad de las aberturas suelen quedar relegadas cuando el presupuesto empieza a ajustarse. Sin embargo, los especialistas coinciden en que son algunos de los rubros donde menos conviene recortar.
“A los dos años, ese ‘ahorro’ inicial se pagó multiplicado por tres. Reparar una losa mal protegida implica levantar el piso exterior e intervenir desde la estructura, mientras que haber usado un mortero cementicio elástico de entrada cuesta una fracción de eso”, asegura Álvarez. A su vez, el ejecutivo señala: “Sin aislamiento térmico eficiente, terminás gastando hasta un 40% más por año en calefacción y aire acondicionado.”
La AAPE señala, además, que una vivienda sin una aislación térmica adecuada puede incrementar entre un 50% y un 70% el consumo de energía destinado a calefacción y refrigeración durante toda su vida útil.
Degano agrega que la calidad de las ventanas también resulta determinante y recomienda acompañar el aislamiento con carpinterías de doble vidriado hermético (DVH) para mejorar la eficiencia energética. “Una mala impermeabilización nos lleva a que aparezcan humedades que arruinan paredes“, indica el ejecutivo de Eidico.
La arquitecta coincide: “Los ‘ahorros’ en impermeabilización llevan a patologías muy costosas de resolver, mientras que los atribuibles a aberturas y aislamiento térmico se pagarán con las facturas futuras. En Steel framing, la eficiencia puede reducir significativamente el consumo energético.”
Cuando la estructura está terminada suele aparecer la sensación de que lo más costoso ya pasó. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario.
Según los especialistas consultados, las terminaciones representan entre el 30% y el 45% del costo total de una vivienda.
“Muchas veces se invierte todo el presupuesto en un porcelanato o un revestimiento de diseño y se ahorra en los productos necesarios para colocarlo correctamente”, advierte Álvarez.
A esto se suma otro factor que suele pasar inadvertido: el tiempo. Cada mes adicional de obra implica seguir pagando mano de obra, afrontar posibles aumentos de materiales y, en muchos casos, continuar abonando un alquiler.
Pensar en ambientes para un uso futuro también puede convertirse en un gasto innecesario.
“Muchas personas construyen metros de más pensando que algún día los van a necesitar. Pero esos espacios también generan gastos de mantenimiento, impuestos y climatización”, señala Ludigliani.
La tendencia, explica, apunta a optimizar los ambientes y diseñar viviendas más eficientes, en lugar de sumar superficie que luego permanece sin uso.
En un contexto de mayor estabilidad económica y recuperación del crédito hipotecario, construir vuelve a aparecer como una alternativa para acceder a la casa propia. Pero, más allá del valor del metro cuadrado, los especialistas coinciden en que el éxito del proyecto depende de una buena planificación inicial: definir el presupuesto completo, evitar cambios sobre la marcha e invertir en aquellos aspectos que, aunque no siempre se vean, son los que terminan marcando la diferencia entre una obra ordenada y una cadena de gastos imprevistos.
Fuente: Rocío Bravo –