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A partir del análisis de 31 especialistas internacionales, se pueden identificar cinco cambios que impulsarán la transformación del sector de la construcción durante los próximos años.
15 de agosto de 2026
07:07
8 minutos de lectura
La construcción en Argentina actualmente enfrenta una de sus crisis más complejas y delicadas de los últimos años, con un costo que sigue aumentando y una significativa caída de la obra pública que impacta directamente en la actividad.
De hecho, la construcción fue el sector con peor desempeño entre el cuarto trimestre de 2023 y el tercero de 2025, registrando una caída acumulada del 11%, mientras que el PBI total creció casi un 2% en el mismo período.
La fuerte reducción en las obras financiadas por el Estado afectó negativamente, dejando a la inversión privada como el único motor, aunque esta todavía tiene un impulso limitado.
Además, hay otro frente sensible: los costos. Si bien en los últimos meses el ritmo de aumento se desaceleró, estos siguen superando los incrementos en el valor de venta de las propiedades, lo que comprime considerablemente los márgenes de rentabilidad de los desarrolladores. Un ejemplo: en junio de 2026, el índice del costo de la construcción (ICC) en el Gran Buenos Aires registró un aumento del 2,6% respecto al mes anterior y del 32,1% interanual; mientras que el precio medio de un departamento subió solo un 0,2% en el mismo período, de acuerdo con los datos de Zonaprop.
Pero el desafío de la construcción no es exclusivo de Argentina. Un informe global advierte que los riesgos que enfrentará la industria de la construcción en los próximos cinco años ya no funcionan como problemas aislados, sino como una cadena: la escasez de talento acelera la automatización; la automatización permite comprimir plazos; los plazos más ajustados reducen la tolerancia ante interrupciones; el clima extremo desafía los supuestos de diseño; y el capital penaliza cada vez más los retrasos. En otras palabras, el mundo quiere construir más, más rápido y con mayor complejidad, pero la mano de obra, el financiamiento, los seguros, la tecnología y los sistemas de apoyo no siempre acompañan ese ritmo.
Una obra parada ya no es solo una construcción que se detuvo, sino que puede transformarse en un problema financiero, operativo y asegurador al mismo tiempo. Ese es el punto central de Beyond 2030: The Future of Construction, un informe global de Zurich Insurance Group elaborado a partir del análisis de 31 especialistas internacionales en suscripción, siniestros, ingeniería de riesgos y construcción.
“Nuestros clientes están desarrollando proyectos cada vez más complejos en un entorno de riesgos más volátil. Nuestra investigación más reciente deja claro que, si un proyecto no es asegurable, no será financiado. Por ello, incorporar resiliencia desde el diseño, con las aseguradoras participando desde etapas tempranas, es clave para que los proyectos sean viables”, señaló Kelly Kinzer, Global Head of Construction & Surety de Zurich Insurance Group.
En ese marco, el informe identifica cinco cambios que impulsarán la transformación de la industria durante los próximos cinco años:
El informe ubica a los eventos climáticos extremos y los desastres naturales como el principal riesgo para el sector, con una calificación de 6,2 puntos sobre 7. El cambio climático impone la necesidad de repensar la resiliencia de las obras desde su diseño. Si un proyecto no contempla la adaptación a estas nuevas condiciones del entorno, enfrentará severas interrupciones físicas.
En proyectos de alta demanda energética, como los centros de datos, el riesgo se vuelve aún más tangible. Zurich advierte que el calor extremo y las sequías amenazan directamente los sistemas de refrigeración por agua y el suministro eléctrico, transformando el riesgo climático en un peligro de paralización operativa inmediata que compromete la seguridad de la infraestructura.
El segundo desafío tiene que ver con que el acceso al financiamiento sigue disponible para proyectos estratégicos, pero los inversores muestran una tolerancia cada vez menor a los retrasos, sobrecostos y problemas de ejecución.
Con un nivel de riesgo de 5,7 sobre 7, la expansión de modelos de financiamiento más sofisticados está trasladando los riesgos de construcción hacia etapas cada vez más tempranas del ciclo de vida de los proyectos. En este contexto, aspectos como la ubicación, la disponibilidad de recursos, la capacidad de ejecución y la asegurabilidad adquieren un peso creciente en las decisiones de inversión.
La expansión de modelos de financiamiento más sofisticados está trasladando los riesgos de construcción hacia etapas cada vez más tempranas del ciclo de vida de los proyectos. Este cambio impacta directamente en América Latina, donde la competencia por capital para infraestructura energética, logística, tecnológica y sanitaria se intensifica.
En Argentina, el caso más evidente está en Vaca Muerta, donde proyectos como el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) y las obras de ampliación de infraestructura de transporte energético requieren importantes inversiones y una ejecución eficiente para asegurar su viabilidad económica.
El tercer desafío global es la escasez de talento especializado y la pérdida de conocimiento crítico, con una calificación de 5,6 sobre 7. La construcción atraviesa una transformación profunda donde el desafío ya no es solo incorporar más trabajadores, sino contar con perfiles técnicos capaces de gestionar proyectos cada vez más digitalizados y complejos.
En la Argentina, el escenario es ya complicado: según ManpowerGroup, el 68% de las empresas reporta dificultades para encontrar los perfiles técnicos y profesionales que necesita.
Además, este panorama se suma a un riesgo menos visible: el retiro de los trabajadores experimentados. A medida que avanzan la automatización y la industrialización, la experiencia acumulada para supervisar sistemas complejos, coordinar disciplinas y resolver problemas operativos en el terreno se vuelve un recurso tan escaso y valioso como la propia mano de obra.
Los datos locales muestran una recuperación parcial del empleo formal, aunque todavía con fragilidades. El Ieric (Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción) informó que en abril de 2026 el empleo registrado en la industria de la construcción llegó a 357.679 puestos, nivel que representa una baja del 1,4% mensual. En mayo tuvo una caída del 0,8% y se estima una nueva baja para junio. El nivel actual todavía se ubica entre un 10% y 11% por debajo de la media histórica de esos meses, sin incluir los años de pandemia.
Para compensar la falta de personal calificado y acortar plazos, la industria acelera la adopción de construcción modular y prefabricación, un riesgo que Zurich califica con 5,1 puntos sobre 7. El informe señala que la adopción de estos métodos pasó del 32% al 50% en el último año.
En Argentina, donde los costos de construcción y los plazos son obsesiones permanentes para desarrolladores y compradores, la idea de construir más rápido tiene un plus adicional. El modelo “llave en mano”, las casas industrializadas, el steel frame, los paneles premoldeados y los sistemas modulares empiezan a ganar lugar porque prometen reducir la exposición a la inflación de costos durante períodos largos.
Sin embargo, esta automatización introduce un riesgo nuevo: la réplica de diseños y sistemas complejos a gran escala antes de conocer del todo su comportamiento a largo plazo. La clave no será solo construir más rápido, sino demostrar que esa velocidad no compromete durabilidad, seguridad ni asegurabilidad.
El quinto desafío, con un nivel de riesgo de 4,8 puntos sobre 7, tiene que ver con la introducción de los procesos de digitalización en la construcción y cómo están transformando la manera de diseñar, coordinar y operar proyectos, pero también amplían la superficie de exposición a incidentes cibernéticos.
Actualmente, cuatro de cada cinco empresas de arquitectura, ingeniería y construcción reportaron haber sufrido amenazas de ciberseguridad durante los últimos dos años, con un promedio de 226 incidentes anuales por compañía.
“La construcción cumple un rol fundamental en la economía argentina por su capacidad de dinamizar la inversión y generar desarrollo. Sin embargo, los proyectos actuales enfrentan un entorno de riesgos cada vez más complejo, con mayores exigencias en materia de financiamiento, ejecución y resiliencia,” afirmó Alejandro Vega Cigoj, Head of Commercial Insurance de Zurich Argentina.
Para el mercado argentino, los desafíos hacia 2030 no se resumen en una sola variable. No es solo la inflación de costos, ni solo la falta de crédito, ni solo la caída de la obra pública, ni solo la escasez de talento. Es la combinación de todos esos impactos al mismo tiempo.