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En 1962, un periodista británico compró Moyenne, un territorio que llevaba casi medio siglo sin habitantes permanentes.
2 de octubre de 2026
12:21
3 minutos de lectura
Brendon Grimshaw tenía 37 años cuando tomó una decisión que cambiaría por completo su vida. En 1962, el periodista británico adquirió Moyenne, una pequeña isla desierta de las Seychelles que llevaba cerca de 50 años sin habitantes permanentes. Pagó por ella £8000, equivalente a aproximadamente €230.000 actuales (US$273.000).
Grimshaw conoció las Seychelles durante unas vacaciones mientras trabajaba como editor en uno de los periódicos más importantes de África. Ese viaje se convirtió en un punto de inflexión: comenzó a imaginar una vida alejada de las redacciones y volcada a la naturaleza.
Su atención se centró en Moyenne, una de las 115 islas que conforman Seychelles, en pleno océano Índico. Este territorio permanecía prácticamente abandonado desde 1915, y solo una familia de pescadores tenía presencia allí en ese momento.
Brendon Grimshaw, un periodista británico de apenas 37 años, compró una isla desierta en las Seychelles. Se trataba de una isla diminuta: apenas 0,4 kilómetros de largo por 0,3 kilómetros de ancho, con un punto máximo de 61 metros sobre el nivel del mar. Pero lo que más llamaba la atención era el estado de su vegetación.
Décadas de abandono e intervención humana habían dejado el terreno cubierto por una vegetación extremadamente densa. La maleza hacía muy difícil desplazarse por el interior, y la acumulación era tal que, según relató el propio periodista, los cocos que caían de las palmeras quedaban atrapados entre las plantas antes de alcanzar el suelo.
Grimshaw no trabajó solo, sino que fue asistido por René Antoine Lafortune, el hijo de un pescador local. El trabajo de investigación fue arduo: estudiaron qué especies eran locales para comenzar una reinserción. También podaron y abrieron senderos a lo largo del territorio, controlaron la plaga de ratas y reforestaron. Su objetivo era claro: preservar el espacio de las explotaciones humanas, vivir en su paraíso y asegurar la preservación de su ecosistema a futuro.
Durante 40 años, Grimshaw y Lafortune plantaron más de 16.000 árboles de diferentes especies autóctonas. Cada ejemplar tenía una razón de ser: recuperar la humedad, mejorar el suelo, resistencia, refugio o fuente de alimento.
Pero la flora no fue lo único que recuperaron: transportaron casi 120 tortugas y las liberaron en la isla. Entre ellas, las tortugas gigantes de Aldabra, que se encontraban en peligro de extinción, pero que actualmente han cambiado su categoría a un estado vulnerable. Además, la restauración del área atrajo a más de 200 especies de aves.
LAS OFERTAS MILLONARIAS QUE RECIBIÓ
La recuperación del espacio natural provocó que diferentes personas a lo largo del mundo conocieran Moyenne, atrayendo a inversores que ofrecieron sumas inimaginables para que Grimshaw vendiera su proyecto de vida. Sin embargo, ninguna cantidad fue suficiente, ni siquiera los US$50 millones que le ofreció un príncipe saudí.
Los esfuerzos rindieron sus frutos: la isla fue declarada parque nacional en 2009, tras la muerte de Lafortune.
Actualmente, el territorio posee un cementerio, una iglesia y un restaurante. El aforo diario está controlado: nunca recibe más de 50 turistas al mismo tiempo y nunca superó los 300 visitantes durante el día.
Los turistas no solo disfrutan del espacio, la naturaleza y la playa, sino también de las leyendas. Se dice que hay un tesoro escondido, enterrado por un grupo de piratas, y también hay apariciones de fantasmas.