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Todos los años el mensaje es el mismo: una mala decisión con el uso del gas puede salir más cara que cualquier factura.
Con el comienzo del invierno, las estufas, calefones, termotanques y cocinas vuelven a ocupar el centro de la escena en los hogares. Pero detrás del simple gesto de prender un artefacto para calefaccionar o calentar la casa aparece un riesgo que todos los años se repite y que cada vez genera más preocupación: las intoxicaciones por monóxido de carbono.
Además, en un contexto en el cual las tarifas se vuelven más sensibles para el bolsillo de los argentinos, el frío obliga a mirar con mayor atención cómo se usa el gas y qué hábitos pueden ayudar a bajar el valor de la factura.
El monóxido de carbono suele ser definido como el “asesino silencioso”. No tiene olor, color ni sabor. No irrita, no avisa y no puede ser detectado. Se produce por la combustión incompleta de gas natural u otros combustibles que contienen carbono, como leña, carbón, kerosene o gas envasado. Por eso, el problema no está asociado únicamente al gas natural: puede aparecer en cualquier vivienda donde haya un artefacto que combustione mal, una instalación deficiente o una ventilación obstruida.
En Argentina, alrededor de 200 personas mueren al año y unas 40.000 son afectadas producto de la inhalación de este gas altamente tóxico, de acuerdo a datos estadísticos del Ministerio de Salud de la Nación. “Es un número importantísimo que justifica cada una de las acciones de prevención”, advierte Sergio Felice, jefe de Seguridad de Camuzzi.
En calefones y termotanques es importante prestar atención a la llama y a manchas negras en paredes, techos, artefactos o alrededor de los artefactos. El riesgo está todo el año, pero aumenta en invierno por una razón muy simple: las casas se cierran más, los ambientes se ventilan menos y los artefactos de calefacción vuelven a funcionar después de varios meses apagados. Por eso, una estufa sin el correcto mantenimiento, un calefón con tiraje obstruido o una rejilla de ventilación tapada pueden convertirse en una amenaza.
“La respuesta técnica es una sola: cualquier artefacto que funcione con combustión puede generar monóxido si quema mal o si sus gases no salen correctamente al exterior”, afirma Felice. Pero, en la práctica, los casos suelen estar más vinculados a estufas, calefones, termotanques, hornallas u hornos.
Los conductos de ventilación deben estar despejados y limpios. Uno de los puntos más sensibles son las rejillas de ventilación. En muchas casas, durante el invierno, se las tapa para evitar la entrada de frío, pero es una de las decisiones más peligrosas. Esas rejillas permiten la renovación del aire y ayudan a evitar la acumulación de gases tóxicos.
Como el monóxido no se percibe, hay señales indirectas que pueden advertir que algo no funciona bien. El especialista de Camuzzi asegura que la principal es el color de la llama. La llama debe ser azul, estable y pareja. Si aparece amarilla, naranja o rojiza, puede indicar una mala combustión. También hay que prestar atención a manchas negras en paredes, techos, artefactos o alrededor de los calefones o termotanques.
Tanto desde Metrogas como desde Camuzzi aseguran que una de las prácticas más riesgosas es usar la cocina o el horno como método de calefacción. “Las hornallas y el horno están diseñados para cocinar, no para calentar una casa”, enfatizan. Sin embargo, muchas personas prenden las hornallas o dejan el horno abierto para elevar rápidamente la temperatura de un ambiente pequeño.
Para prevenir intoxicaciones por monóxido de carbono, los especialistas destacan una serie de medidas a tener en cuenta:
Ante la sospecha de intoxicación, hay que ventilar de inmediato, abrir puertas y ventanas, apagar los artefactos y salir del ambiente. Si hay una persona afectada, se debe llamar al servicio de emergencias.
El otro gran tema tanto en el invierno como en el verano es el consumo y, aunque no existe una receta mágica para pagar menos, sí existen hábitos que ayudan a usar mejor la energía. Felice recomienda no calefaccionar ambientes vacíos ni dejar estufas prendidas todo el día si no es necesario. Abrir ventanas con la estufa prendida implica perder al exterior el calor que se está pagando.
En los baños, el consumo también puede ser significativo. Reducir el tiempo bajo la ducha y regular correctamente la temperatura del calefón o termotanque ayuda a evitar un gasto innecesario. Otro error es tener el agua demasiado caliente y luego abrir el agua fría para templarla.
También importa el tamaño de la hornalla y del recipiente. Para porciones pequeñas, lo ideal es usar ollas o sartenes chicas sobre hornallas chicas.
Por último, colocar burletes en puertas y ventanas evita filtraciones, conserva la temperatura interior y reduce la necesidad de mantener las estufas encendidas durante más tiempo.
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