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La propiedad que está en venta, mantiene piezas originales como los pisos, la boiserie y un patio andaluz.
6 de agosto de 2026
07:02
Manuela Viñales
Delimitada por las calles Malasia, Gorostiaga, Villanueva, Olleros, Maure y 11 de Septiembre, la zona es reconocida como de Embajadas. Esta área se destaca por ser una de las más exclusivas de la ciudad, con las propiedades más caras y un entorno que combina palacios de inspiración francesa, embajadas y edificios contemporáneos, enmarcados por sus típicas calles de adoquines y una arboleda variada, compuesta principalmente por plátanos, tipas y jacarandás.
Las cuadras de la zona transportan a los transeúntes a principios del siglo XX. En aquel entonces, los edificios rara vez superaban los tres pisos, y donde lo minimalista no tenía espacio. Las fachadas, de estilo francés, estaban adornadas con molduras ornamentadas, ventanas rectangulares y balcones de hierro forjado. Al recorrer estas calles, uno puede imaginar cómo era vivir en Buenos Aires en esos tiempos; muchas de estas mansiones, hoy embajadas o sedes diplomáticas, conservan ese espíritu.
La calle Olleros se presenta como una de las mejores postales del museo al aire libre. Este tramo, que se extiende entre 11 de Septiembre y Villanueva, concentra tres embajadas: la de Ucrania, la de República Democrática del Congo y la de Pakistán. A pocos metros, sobre 11 de Septiembre, funcionan además las embajadas de Vietnam, Turquía, Filipinas y Hungría.
Los valores inmobiliarios en la zona de embajadas reflejan su exclusividad. Belgrano es uno de los barrios más caros de la ciudad, con un valor promedio de US$3264 por metro cuadrado, solo superado por Núñez, Palermo y Puerto Madero, según el informe de Zonaprop. Sin embargo, Martín Pinus, fundador y director de la inmobiliaria homónima, aclara que al tratarse de propiedades únicas, no se puede hablar de precio por metro cuadrado de manera general. “Se deben diferenciar los edificios de departamentos de las casas, mansiones y residencias, algunas con “arquitectura irreemplazable en la actualidad”, explica.
Las propiedades en esta área parten de un piso de US$1 millón; las casas oscilan entre los US$2 y US$3 millones, con algunas excepcionales que pueden alcanzar hasta US$6 millones, dependiendo de la superficie del lote y otros factores. Un ejemplo es una residencia de 1925 ubicada en Olleros al 2100, que ha mantenido intactos sus detalles a pesar de haber sido habitada por diferentes generaciones de la misma familia.
“Una propiedad centenaria como esta es un testimonio vivo de la historia del barrio”, afirma Pinus, resaltando que la tradición está por terminar ya que la propiedad se encuentra a la venta por US$1.180.000.
Con una superficie total cercana a los 420 m², distribuidos en dos plantas y un entrepiso, la vivienda cuenta con nueve ambientes, cinco dormitorios y tres baños. Conserva detalles originales y mixturas de corrientes arquitectónicas. La casa representa la arquitectura residencial de la Belle Époque porteña, fusionando estilos donde predominaba lo europeo.
La entrada está marcada por un pasillo con piso en damero blanco y negro, un elemento emblemático del interiorismo francés que aporta elegancia y sofisticación. Entre los detalles originales se destacan los pisos con marquetería y la boiserie de los salones principales.
Al traspasar el portal, el lenguaje arquitectónico cambia, revelando un patio de inspiración andaluza, que remite a la tradición hispánica o neocolonial, decorado con azulejos sevillanos y una fuente central.
Es importante mencionar que esta residencia fue catalogada como “edificio singular” en 2009, y dispone de protección cautelar. Esto significa que, por su valor para la identidad del barrio, está prohibida su demolición y se debe proteger su fachada y todos sus componentes visibles. Aunque se permiten modificaciones en el interior, se conservan elementos como los techos de gran altura, la escalera de madera y el vitral cenital que deja pasar la luz hacia la escalera, que todavía se encuentra intacto.
Por Manuela Viñales
Para más información, podés ver la nota original.
Fuente: Manuela Viñales – LA NACION