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Con proyectos en pozo que parten en US$3.200 por m², grandes desarrollos residenciales y comerciales están redefiniendo el entorno de Santa Fe y Bullrich. Viviendas, oficinas, hoteles y locales buscan convertir al histórico nodo de transporte en un nuevo polo urbano de Palermo.
Durante décadas, Puente Pacífico fue fundamentalmente un lugar de paso. Miles de personas llegan todos los días al cruce de Santa Fe y Bullrich para combinar tren, subte y colectivos antes de seguir viaje. Ahora, ese histórico nodo de transporte atraviesa una transformación que busca convertirlo también en un lugar de destino.
La venta de tierras públicas, la obra del viaducto San Martín y los cambios en el Código Urbanístico modificaron la fisonomía de la zona y alentaron la llegada de grandes desarrollos privados. Tanto que entre desarrolladores e inmobiliarias ya empieza a circular otra denominación: “Palermo Pacífico”.
Federico Fortin, Team Leader Residencial de LJ Ramos, explica la evolución del cruce en los últimos años: “La zona denominada ‘Puente Pacífico’, incluso ya se empieza a utilizar la denominación ‘Palermo Pacífico’, está atravesando una transformación muy interesante. Históricamente, fue un lugar de paso, pero en los últimos años empezó a convertirse también en un lugar de destino”.
Mali Vázquez, directora ejecutiva de CEDU+AEV, coincide en que la zona empieza a adquirir una identidad propia dentro de Palermo y destaca como fortalezas la combinación de conectividad, servicios, cercanía a Palermo Hollywood, espacios verdes y una localización estratégica dentro de la ciudad.
Gonzalo de la Serna, CEO de Consultatio, complementa: “La consolidación de esta zona proyecta su potencial como nuevo polo urbano de la ciudad. Desde la empresa buscamos generar nuevas conexiones, como la de Las Cañitas con Palermo y consolidar un distrito convocante”.
A la fuerte conectividad existente —Metrobus, ferrocarril San Martín y Línea D de subte— se sumarán nuevos medios de transporte. Entre ellos, el Trambus T1, un sistema eléctrico con carril exclusivo entre Nueva Pompeya y Aeroparque que prevé paradores en la intersección de Av. Bullrich y Juan B. Justo. A mediano plazo, la planificación contempla también la Línea F de subte, desde Barracas hasta Plaza Italia.
En el mercado del usado de Palermo, los precios de venta se ubican en un rango general de entre US$ 2.800 y US$ 3.500 por m². Corredores específicos como Cerviño alcanzan los US$ 5.431 y Avenida del Libertador cotiza en US$ 6.723.
En los nuevos desarrollos, los valores también muestran una brecha importante. Matías Chirom, cofundador y CEO de Baigun Realty, señala que “en los nuevos nodos de Palermo, un proyecto en pozo se ubica aproximadamente entre US$3.200 y US$4.200 por m², con desarrollos premium que pueden superar ese rango”.
Según el ejecutivo, una unidad a estrenar puede valer entre 25% y 40% más que el mismo producto comprado en pozo.
Chirom identifica tres grandes proyectos que están modificando la zona: Nómada Palermo; Decó Polo, de ABV Arquitectos, frente al Campo Argentino de Polo, donde los valores de pozo arrancaron en US$4.000 por m² y algunas unidades alcanzaron los US$8.000; y el predio adquirido por Consultatio, del que aún no se conocen valores.
Horacio Ludigliani, director de Grupo Ludigliani, grafica la revalorización de los últimos años de la siguiente manera: “Un propietario de la zona que hace cuatro años tenía un departamento usado valuado en unos US$ 2.200 por m², hoy puede estar por encima de los US$ 3.000 sin haber hecho ninguna modificación en su propiedad”.
En el caso de Nómada Palermo, Alex Sakkal, cofundador y director comercial de Grupo Nómada, informa que las unidades parten desde US$4.400 por m². Para el ejecutivo, la llegada de nuevos proyectos genera un efecto de arrastre sobre las propiedades existentes porque instala un estándar de calidad constructiva contra el que comienza a competir el stock del entorno.
Uno de los cambios más visibles es la escala y el perfil de los nuevos emprendimientos. El modelo estrictamente residencial empieza a convivir con desarrollos de usos mixtos que incorporan viviendas, oficinas, hotelería, gastronomía y otros servicios.
Nómada Palermo es uno de ellos. El proyecto combina uso residencial, un hotel, oficinas boutique, un basamento gastronómico y estacionamiento comercial. Además, incluyó el ensanchamiento de la vereda a más de 12 metros de profundidad y la instalación de un destacamento policial.
Otro de los grandes jugadores que desembarcó en el área es Consultatio. La compañía desarrolla un proyecto frente al Campo Argentino de Polo que busca integrar arquitectura, arte, paisaje y urbanismo. “La idea de ‘parque’ no plantea un espacio verde decorativo, sino la estructura misma del proyecto: organiza los recorridos, las plantas bajas y la relación entre lo privado y lo público”, explica Gonzalo de la Serna, CEO de Consultatio.
A la lista se suma Sens Futura, de ATV Arquitectos, desarrollado sobre cuatro parcelas. El proyecto propone una vivienda en altura integrada con el paisaje: a medida que asciende, el edificio se despega de sus linderos e incorpora terrazas y espacios exteriores.
En cuanto a los sectores que dinamizan la demanda, Fortin describe el abanico de usuarios: “Veo un inversor con foco en la preservación de capital, reventa y renta temporaria, el joven profesional que busca unidades compactas, pero con buenos amenities, espacios de coworking, buena conectividad y seguridad”.
Para Sakkal el perfil de comprador fue mutando: “Arrancamos con inversores que vieron la oportunidad temprano, siguieron los argentinos en el exterior buscando resguardo de valor, después el interior del país, y hoy el que más empuja es el vecino de Palermo que busca un upgrade de calidad de vida sin irse del barrio”.
La aceleración de las obras privadas genera análisis contrapuestos respecto a la capacidad de respuesta de los servicios públicos y los efectos socioeconómicos sobre el vecindario tradicional. Vázquez marca la necesidad de coordinación entre la inversión privada y la planificación estatal: “El problema no es que una zona se desarrolle, sino que el desarrollo privado avance más rápido que la capacidad de respuesta de la infraestructura urbana”. Fortin comparte esa mirada y agrega el ruido como una variable crítica en unidades de alta gama.
Ludigliani advierte sobre el tejido comercial y social existente: “Hay una preocupación por el aumento de los alquileres y por el desplazamiento de comercios tradicionales que ya no pueden afrontar los nuevos costos”. A su vez, hace referencia al riesgo de que la zona termine homogeneizándose y quede orientada exclusivamente a un público de alto poder adquisitivo. “Hoy prácticamente todos los grandes proyectos son premium y hay poca oferta pensada para sectores medios”, menciona.
En la vereda de enfrente, Oscar Puebla, director de Puebla Inmobiliaria, aporta una postura diferente sobre los conceptos de densificación y gentrificación en el sector: “No veo evidencia de que la zona esté al límite. Lo que está pasando es activación de suelo ocioso, no reemplazo de tejido social existente”. No obstante, concluye en la exigencia de inversión pública: “Todo proceso de crecimiento necesita que la inversión pública en infraestructura, seguridad y espacio público acompañe el ritmo de la inversión privada. Ahí sí hay una tarea pendiente, y es del Estado”.
Para más detalles, podés ver la nota original.
Fuente: Rocío Bravo –
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