Casas impresas en 3D: la máquina de US$800.000 que construye muros en 48 horas en Argentina.

El sistema ya se utilizó en Brasil para construir desde viviendas sociales hasta casas de más de 400 m². Cuánto cuesta la tecnología, cómo funciona y qué ventajas promete frente a la construcción tradicional.

Casas impresas en 3D: la máquina de US$800.000 que construye muros en 48 horas en Argentina.
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Casas impresas en 3D: la máquina de US$800.000 que levanta muros en 48 horas y busca desembarcar en la Argentina

EL SISTEMA YA SE UTILIZÓ EN BRASIL PARA CONSTRUIR DESDE VIVIENDAS SOCIALES HASTA CASAS DE MÁS DE 400 M².
CUÁNTO CUESTA LA TECNOLOGÍA, CÓMO FUNCIONA Y QUÉ VENTAJAS PROMETE FRENTE A LA CONSTRUCCIÓN TRADICIONAL.

Así se imprime una casa en 3D: los muros están listos en 48 horas. Soledad Navarro
Construir en menos tiempo y a un costo menor es una de las promesas que desde hace años acompaña a la impresión 3D aplicada a la vivienda. Hasta ahora, buena parte de esas experiencias funcionaron como demostraciones en las que una enorme máquina levantaba, capa sobre capa, las paredes de una casa. El desafío ahora es además convertir esa tecnología en un sistema de producción que permita construir viviendas a escala y competir con los métodos tradicionales.

En ese escenario, una empresa española que desarrolla sistemas de impresión 3D para la construcción busca ingresar al mercado argentino. Su tecnología ya fue utilizada en proyectos residenciales en Brasil y permite imprimir componentes de hormigón en un entorno controlado para después trasladarlos y montarlos en el terreno donde se construirá la vivienda.

La diferencia que prometen respecto de otras impresoras 3D está en el proceso: la máquina no necesita trasladarse a cada obra, sino que puede funcionar como una planta de producción de componentes para distintas viviendas.

Se trata de Cosmos 3D, una compañía española que busca desembarcar en la Argentina antes de fin de año, con una tecnología que requiere una inversión inicial de unos US$800.000.

Según la información que la empresa le dio a Clarín Propiedades, los muros de una casa de unos 120 m² pueden imprimirse en aproximadamente 48 horas.

Sin embargo, eso no significa que la vivienda quede terminada en dos días. El plazo corresponde únicamente a la fabricación de las paredes. Después hay que contemplar el curado de las piezas, su traslado y montaje, además de las instalaciones, aberturas, techos y terminaciones.

La compañía sostiene que el ahorro de tiempo también alcanza a otras etapas de la construcción. Al incorporar desde el diseño los espacios necesarios para las instalaciones eléctricas y sanitarias, asegura que trabajos que tradicionalmente pueden demandar varios días podrían resolverse en menos tiempo.

DE VIVIENDAS SOCIALES A UNA CASA DE 420 M²

Brasil funciona como una de las vidrieras de esta tecnología en la región. Allí el sistema ya fue utilizado en proyectos residenciales de distintas escalas.

Uno de los casos son viviendas sociales de 58 m² construidas en São Simão, en el estado de San Pablo. En el otro extremo aparece una residencia de 420 m² realizada en Nova Lima, Minas Gerais.

Otro de los proyectos es una vivienda de 270 m² en la que, según la compañía, las etapas posteriores a la fabricación de los muros demandaron alrededor de 20 días. Ese plazo no incluye la impresión de las paredes y, por lo tanto, no representa el tiempo total de construcción de la vivienda.

“El salto importante era no solo imprimir un muro más rápido, como lo que se había visto hasta ahora. Es poder transformar esa capacidad en un sistema de producción de viviendas que sea repetible, escalable y aplicable a distintos proyectos”, explica Adrián Posada, impulsor de la llegada de Cosmos 3D a la Argentina.

La apuesta es que la impresión 3D deje de ser una experiencia aislada y se integre a un proceso industrial.

CUÁNTO CUESTA LA TECNOLOGÍA

El equipo tiene un valor aproximado de US$800.000, antes de impuestos y costos aduaneros. Por ese nivel de inversión, el modelo apunta principalmente a constructoras, desarrolladores y proyectos con una escala que permita amortizar la maquinaria.

Según pudo saber Clarín, actualmente avanzan negociaciones con el objetivo de que el primer equipo llegue a la Argentina antes de fin de año.

La compañía estima que, en desarrollos de escala, la tecnología podría permitir una reducción de costos de entre 30% y 40% frente a los métodos tradicionales.

El ahorro, explican, no provendría únicamente de imprimir las paredes más rápido, sino también de reducir tareas manuales y acortar etapas posteriores de la obra.

Sin embargo, no existe un costo único por vivienda. El resultado depende de factores como el diseño, los materiales, las terminaciones, el transporte de las piezas y la cantidad de unidades que se construyan. Tampoco puede trasladarse automáticamente al mercado argentino el porcentaje de ahorro que proyecta la compañía.

Por ahora, no hay una comparación de costos de viviendas construidas con este sistema en la Argentina que permita comprobar ese porcentaje de ahorro en el mercado local.

CÓMO SE CONSTRUYE UNA CASA IMPRESA EN 3D

El proceso comienza con un diseño digital que define la forma y las dimensiones de cada componente. A partir de esa información, la impresora deposita sucesivas capas de un material a base de hormigón hasta completar los muros.

La fabricación se realiza en un ambiente controlado, lo que permite reducir la incidencia de factores que habitualmente afectan a una obra, como las condiciones climáticas, y organizar de manera más previsible las distintas etapas de producción.

Una vez impresas y curadas, las piezas se trasladan al terreno para su montaje. Allí continúa el resto de la construcción, con la colocación de aberturas, techos, instalaciones y terminaciones.

Una de las ventajas que destaca la compañía es la posibilidad de prever desde el diseño los espacios destinados a electricidad, plomería y otros servicios, lo que permitiría reducir trabajos posteriores sobre las paredes.

El sistema también puede utilizarse para producir componentes prefabricados, piezas modulares y otros elementos destinados a proyectos de construcción e infraestructura.

“La oportunidad para la Argentina está en pensar la impresión 3D no como una curiosidad tecnológica, sino como una herramienta de industrialización. El verdadero valor aparece cuando se la incorpora a un modelo de producción capaz de responder a proyectos reales de vivienda”, sostiene Posada.

EL DESAFÍO DE LLEGAR A LA ARGENTINA

La llegada de esta tecnología se plantea en un contexto en el que la industria de la construcción busca alternativas para reducir tiempos, mejorar la productividad y avanzar hacia sistemas más industrializados.

La impresión 3D aplicada a la construcción, de todos modos, ya tiene antecedentes en el país. Uno de ellos es Grondplek, la empresa cofundada por Mateo Salvatto, que trabaja con tecnología de la firma danesa Cobod. A diferencia de Cosmos 3D, que propone fabricar los muros en una planta para después trasladarlos, este sistema utiliza una impresora de grandes dimensiones que trabaja directamente sobre el terreno.

También existen desarrollos nacionales. En San Javier, Córdoba, los emprendedores Agustín Gore y Gustavo Mutio crearon Barrobot, una impresora 3D que utiliza una mezcla de tierra, arena y fibras vegetales para levantar paredes. El equipo puede imprimir construcciones de hasta 80 m² y sus creadores buscan aplicar la tecnología a viviendas sustentables.

Las tres experiencias muestran distintos caminos para incorporar la impresión 3D a la construcción: fabricar componentes de hormigón fuera de la obra, imprimir estructuras directamente sobre el terreno o utilizar materiales naturales.

Pero el interrogante es cuánto de las ventajas que promete Cosmos 3D puede trasladarse a la Argentina. Los costos de materiales, la logística, los impuestos, la normativa y la escala de los proyectos serán determinantes para definir la competitividad del sistema frente a la construcción húmeda tradicional y otras alternativas industrializadas.

Por ahora, la experiencia brasileña funciona como antecedente, pero todavía no hay proyectos locales que permitan comprobar si los tiempos de ejecución y los ahorros que promete la empresa pueden reproducirse en la Argentina. Más allá del atractivo de imprimir los muros de una vivienda en 48 horas, el verdadero desafío será determinar si una tecnología que requiere una inversión inicial de US$800.000 puede resultar competitiva frente a los sistemas tradicionales de construcción.

Fuente: Soledad Navarro – Ver nota original
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