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Virasoro, Palanti y Sortais, entre otros, han dejado su huella en la ciudad con algunas obras emblemáticas.
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La arquitectura de Buenos Aires de principios de siglo tiene joyas porteñas dignas de conocer y disfrutar. Parte del gran encanto de Buenos Aires como ciudad es su arquitectura. Muchas veces más reconocida por quienes la visitan que por sus propios residentes, sumergidos en sus rutinas y más preocupados por llegar a algún lugar que por detenerse a contemplar, sus edificios más emblemáticos fueron diseñados por arquitectos de renombre. Algunos fueron residencias, otros fueron sedes institucionales y otros, verdaderos manifiestos formales. Todos permiten leer cómo evolucionó la metrópoli a lo largo del siglo XX.
En un barrio dominado por casonas afrancesadas, con residencias exclusivas y embajadas, la vivienda que fue de Victoria Ocampo sigue llamando la atención por su blancura geométrica y su modernidad temprana. El reconocido Alejandro Bustillo diseñó una casa que rompía con todo lo que la rodeaba, y ese gesto aún se siente al caminar por la esquina del coqueto Barrio Parque, ubicada en Rufino de Elizalde 2831.
La escritora le encomendó la construcción de la casa a Bustillo en 1928 y la vendió en 1940 cuando se mudó a Villa Ocampo, su casa de verano y fin de semana en Béccar. La obra fue alabada por el célebre arquitecto Le Corbusier cuando visitó el país en 1929, invitado por Victoria. La propiedad fue declarada Monumento Histórico Nacional y es sede del Fondo Nacional de las Artes desde 2006.
Obra de Martín Noel, es uno de los mejores ejemplos del estilo neocolonial porteño. Su patio, sus galerías y su ornamentación hispanista condensan una época en la que Buenos Aires buscaba una identidad arquitectónica propia. El jardín secreto, repleto de olivos, ombúes y palos borrachos, acompañado por las flores de malvones, jazmines y rosales, les da la bienvenida a sus visitantes en un entorno que parece salido directamente de un cuento de hadas.
También llamado Palacio Noel, está ubicado en la avenida Hipólito Yrigoyen 1420 y funciona allí el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco.
Una pieza doméstica de principios del siglo XX que conserva su carácter original. Su fachada, discreta pero elegante, es un recordatorio de la transición entre el academicismo y las nuevas corrientes que empezaban a llegar a la ciudad. Ubicada en Agüero 2038, en Barrio Norte, fue construida hace un siglo para su familia y Virasoro se convirtió en un pionero del estilo Art Decó en Buenos Aires. La casa fue declarada Monumento Histórico Nacional y sitio de valor cultural por la Legislatura porteña.
Diseñado por los arquitectos franceses Paul Pater y Albert Pio, es uno de los palacios más representativos de la aristocrática calle Alvear. Desde 1909, cuando fue inaugurada, hasta 1922, solo habitaron la casona empleados del servicio doméstico, limpiando cada copa de cristal y cada mueble como si la propiedad estuviera en uso. Actualmente es el edificio de la Nunciatura Apostólica y por sus salones pasaron varios presidentes, desde Marcelo T. de Alvear hasta Juan D. Perón.
Virasoro proyectó este edificio que combina teatro, museo y residencia para artistas. Su fachada verticalista y su ornamentación geométrica lo vuelven inconfundible en la avenida Santa Fe 1243. La Casa del Teatro funciona hasta hoy como alojamiento para actores y también tiene una sala de teatro.
Residencia aristocrática convertida en sede ceremonial de Cancillería, el Palacio San Martín es una obra donde Christophersen desplegó un academicismo francés de gran refinamiento. Ubicado en Arenales 761, fue diseñado para Mercedes Castellanos de Anchorena en 1905 y se inauguró en 1936 como sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Se trata de un edificio ecléctico con torre, vitrales y una ornamentación exuberante que refleja el auge editorial de principios del siglo XX. El edificio, construido para ser la nueva sede de La Prensa, fue adaptado al terreno porteño y declarado Museo Histórico Nacional por su valor histórico y arquitectónico.
El palacio presidencial es una síntesis de estilos italianizantes y academicistas. Su arquitectura monumental y su color característico la convierten en una de las fachadas más reconocibles del país.
Inspirado en la Divina Comedia, el Barolo es un edificio cargado de simbolismo. Fue inaugurado en 1923 y hasta 1930 fue el más alto de la ciudad, siendo pionero en el uso de hormigón armado.
El palacio privado más grande del país, hoy sede del Círculo Militar. Sortais diseñó un despliegue de lujo francés que sorprende incluso en una zona acostumbrada a la monumentalidad.
Para más información sobre estas impresionantes obras de arquitectura en Buenos Aires, Ver nota original.
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