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La publicación señala que, tras una década de fuertes incrementos, muchos activos asociados a la opulencia han perdido valor en los últimos años.
1 de febrero de 2026
EL TIEMPO (GDA)
Los ultrarricos del mundo están desplazando su gasto desde los bienes materiales hacia experiencias únicas y difíciles de replicar. Durante años, una botella de Château d’Yquem, un reloj suizo de alta gama o una mansión en una gran capital financiera fueron símbolos indiscutibles de estatus.
Sin embargo, ese patrón está cambiando. De acuerdo con un análisis publicado por The Economist, los ultrarricos están virando su enfoque de gasto hacia experiencias únicas, lo que ya se refleja en los precios y en los mercados de lujo.
La publicación indica que, tras una década de fuertes incrementos, muchos activos asociados a la opulencia han perdido valor en los últimos años, mientras que los servicios de ultralujo —desde eventos deportivos exclusivos hasta restaurantes con estrellas Michelin— se han encarecido de forma acelerada.
Según datos citados por The Economist, una botella del prestigioso Château d’Yquem 2010 llegó a venderse en 2023 un 60% más cara que a mediados de la década de 2010. Ese comportamiento era representativo de un fenómeno más amplio: entre 2015 y 2023, un índice de inversión de lujo elaborado por la inmobiliaria Knight Frank aumentó cerca de un 70%, impulsado por el alza en el valor de autos clásicos, whiskies añejos, arte y propiedades exclusivas.
No obstante, la tendencia se revirtió. Desde su punto máximo en 2023, ese índice ha caído alrededor de un 6%. Los precios de los grandes vinos de Burdeos, como Lafite Rothschild y Margaux, han bajado cerca de un 20%, mientras que en Estados Unidos los valores de aviones y barcos privados retrocedieron alrededor de un 6%. En el mercado secundario, los relojes Rolex se venden casi un 30% más baratos que en 2022.
El enfriamiento también alcanza al sector inmobiliario de alto nivel. De acuerdo con Savills, los precios de las mejores propiedades en ciudades globales muestran aumentos mínimos, con caídas en mercados como Londres y París. Un ejemplo es una vivienda en la llamada “Calle de los Multimillonarios” de San Francisco, cuyo precio pasó de US$32 millones a US$26 millones tras varios recortes.
El análisis descarta que esta caída se deba a dificultades financieras entre los más ricos. Según Forbes, el número de multimillonarios en el mundo supera los 3000, frente a los 2800 del año anterior. En Estados Unidos, el 0,1 % más rico concentra cerca del 14 % de la riqueza familiar, el nivel más alto en varias décadas.
Además, el gasto de los hogares con mayores ingresos sigue creciendo. Mark Zandi, de Moody’s Analytics, citado por la revista, indica que el 3,3 % más rico de los estadounidenses ha incrementado de forma notable su consumo desde 2022, a diferencia de los sectores de menores ingresos.
Para explicar esta paradoja, The Economist recurre a las ideas del economista Thorstein Veblen, quien sostenía que el lujo depende de la escasez y la rivalidad: un bien es lujoso no solo por su precio, sino porque no todos pueden acceder a él. Según el análisis, esa condición se ha erosionado en muchos bienes tradicionales.
Hoy existen múltiples productores de vinos de alta calidad, diamantes cultivados en laboratorio prácticamente indistinguibles de los naturales y mercados secundarios donde es posible adquirir prendas de marcas exclusivas. Incluso el arte enfrenta procesos de “fraccionamiento”, con la posibilidad de que muchas personas posean participaciones de una misma obra.
Frente a este escenario, los ultrarricos están orientando su gasto hacia servicios exclusivos, experiencias de reconocimiento global, como asistir al Super Bowl, cenar en restaurantes con tres estrellas Michelin o alojarse en hoteles emblemáticos. Según la revista, este índice ha aumentado alrededor de un 90% desde 2019 y continúa al alza incluso después de 2023.
La lógica es similar a la planteada por Veblen: estas experiencias son inherentemente limitadas. El hotel Le Bristol, en París, tiene menos de 200 habitaciones, lo que genera una fuerte competencia internacional por alojarse allí. Como resultado, el precio por noche se ha duplicado desde 2019.
Otros ejemplos refuerzan la tendencia. En Estados Unidos, los salarios de empleadas domésticas de alto nivel son cerca de un 50 % más altos que en 2019, y en zonas exclusivas como Palm Beach superan habitualmente los 150.000 dólares anuales.
Una entrada garantizada para la final de Wimbledon, mediante una obligación a cinco años, pasó de unas £50.000 en 2016 a más de £100.000 en la actualidad. Las entradas para el Super Bowl y la Gala del Met cuestan más del doble que hace unos años, mientras que el menú del restaurante Benu, en San Francisco, ha subido un 78% desde 2015.
Para más información, podés ver nota original.
Fuente: EL TIEMPO (GDA)