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Viviendas ideales para envejecer en casa: comodidad y adaptación sin mudanzas

Viviendas ideales para envejecer en casa: comodidad y adaptación sin mudanzas

Ni geriátricas ni adaptadas a último momento: cómo son las viviendas que permiten envejecer sin mudarse

La mayor expectativa de vida está impulsando el diseño de viviendas más flexibles y accesibles, pensadas para acompañar distintas etapas de la vida. Durante años, buena parte de los desarrollos inmobiliarios estuvieron orientados a los millennials: departamentos más pequeños, espacios de coworking, amenities y ubicaciones cercanas a los principales centros urbanos. Pero el cambio que hoy redefine el mercado inmobiliario es más profundo. La población vive cada vez más años, nacen menos personas y los hogares son más pequeños y diversos.

En este contexto, el desafío ya no pasa por construir para una generación determinada, sino por diseñar viviendas capaces de acompañar distintas etapas de la vida. “La clave no es diseñar una casa geriátrica, sino una vivienda flexible, cómoda y preparada para evolucionar junto con quienes la habitan”, resume la arquitecta Laura Casas.

Por su parte, Andrea Falcone, directora ejecutiva y cofundadora de The Shift, advierte: “El error es pensar que la oportunidad está únicamente en las personas mayores de 65 años. La verdadera oportunidad es diseñar para una sociedad que va a vivir mucho más tiempo”. Este enfoque ya empieza a influir en las decisiones de desarrolladores y arquitectos. La accesibilidad, la flexibilidad de los ambientes y la ubicación de los proyectos aparecen como atributos que podrían ganar peso frente a amenities que dominaron la última década.

Las viviendas del futuro priorizarán espacios flexibles, accesibles y capaces de adaptarse a las distintas etapas de la vida.

La demanda cambia, aunque la población no crezca

Aunque muchas veces el debate se centra en el envejecimiento de la población, algunos indicadores muestran que la transformación ya está en marcha. Durante la presentación del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda en BATEV, el economista especializado en vivienda Federico González Rouco resumió esa mirada con una idea: “Para que haya acceso a la vivienda tiene que haber viviendas a las que acceder y personas y familias que puedan acceder”.

La Ciudad de Buenos Aires mantiene desde hace décadas una población relativamente estable y, aun así, cada año incorpora miles de viviendas nuevas. La explicación no está en el crecimiento poblacional, sino en la transformación de los hogares: hay más personas que viven solas, aumentaron los divorcios, la viudez y las parejas sin hijos, mientras que la mayor expectativa de vida prolonga durante más tiempo la vida independiente.

Según el Censo 2022, los hogares unipersonales fueron uno de los formatos que más crecieron en Argentina y, en la Ciudad de Buenos Aires, ya representan cerca de cuatro de cada diez hogares. Es decir, incluso con una población estable, la demanda de viviendas continúa aumentando.

Del edificio al barrio

Si durante años el foco estuvo puesto en el edificio, la próxima etapa parece trasladar la atención hacia el entorno urbano. Conceptos como aging in place —que propone que las personas puedan permanecer en su hogar el mayor tiempo posible— y walkability —barrios caminables, con comercios, servicios y espacios públicos accesibles— empiezan a ganar protagonismo en distintos mercados.

La tendencia ya es visible en Estados Unidos. Una encuesta de AARP muestra que tres de cada cuatro personas mayores de 50 años desean seguir viviendo en su casa a medida que envejecen. “El verdadero lujo del futuro probablemente no sea un edificio con más amenities. Será poder salir caminando de casa y resolver la vida cotidiana sin depender del automóvil”, sostiene Falcone.

La transformación demográfica empieza a reflejarse en los proyectos que llegan al mercado.

Viviendas que acompañen toda la vida

Las tendencias internacionales muestran otro cambio de paradigma. En lugar de desarrollar viviendas exclusivamente para adultos mayores, el objetivo es construir espacios que funcionen igual de bien para una persona de 35 años que para otra de 85. Ingresos sin barreras, buena iluminación, baños adaptables, tecnología integrada, automatización y ambientes flexibles son algunas de las características que empiezan a incorporarse desde el diseño original.

Según Alex Sakkal, cofundador y director comercial de Grupo Nómada, muchas de estas soluciones pueden incorporarse desde el proyecto con un costo marginal. Entre ellas menciona tabiques no estructurales, baños preparados para futuras adaptaciones, puertas más anchas y duchas sin resalto. “Todo lo que se decide en la etapa de proyecto cuesta muy poco comparado con hacer una reforma años después”, resume.

Pero adaptar las viviendas al envejecimiento no implica únicamente modificar el interior de los departamentos. También obliga a repensar el edificio en su conjunto. “Un departamento tiene una ventaja que una casa no tiene: no hay escalera interna que subir todos los días. Pero esa ventaja se pierde si el edificio depende de un solo ascensor, si el palier tiene un escalón o si los pasillos son demasiado angostos para un andador. Diseñar para que las personas envejezcan allí significa pensar la circulación común con la misma seriedad que la planta de la unidad”, explica Sakkal.

Casas coincide en que muchas de las mejoras más importantes no requieren un mayor presupuesto, sino previsión desde el proyecto.

También cambian los amenities

La longevidad también empieza a modificar los atributos que hoy valoran los compradores. Si hasta hace algunos años la competencia pasaba por sumar piscinas, gimnasios o salones de usos múltiples, hoy aparecen otros atributos: espacios de coworking para quienes continúan trabajando después de los 60, servicios de telemedicina, programas de bienestar, huertas comunitarias y lugares pensados para favorecer el encuentro entre vecinos.

En Argentina también existen experiencias inspiradas en este modelo. Los cohousing combinan viviendas independientes con espacios compartidos y actividades comunitarias que buscan fortalecer los vínculos sin resignar autonomía. “La evidencia muestra que el aislamiento social tiene un enorme impacto sobre la salud. El desafío ya no es solamente construir edificios, sino diseñar comunidades”, afirma Falcone.

Para Sakkal, el edificio del futuro deberá priorizar amenities capaces de acompañar distintas etapas de la vida. “Coworking y gimnasio siguen siendo importantes, pero un SUM que también pueda utilizarse para controles médicos, actividades comunitarias o encuentros tranquilos le da mucha más vida útil al edificio. La flexibilidad empieza a pesar más que la cantidad de amenities”, sostiene.

Más allá de los amenities, la adaptabilidad de los espacios gana peso en las decisiones de diseño.

El desafío para los desarrolladores

Mientras países como Estados Unidos, Dinamarca, Japón, Singapur y los Países Bajos experimentan desde hace años con nuevas formas de habitar vinculadas a la longevidad, en Argentina el fenómeno recién comienza a instalarse. Al mismo tiempo, la longevidad no será el único desafío demográfico para el sector. Un informe del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda estima que, si continúa expandiéndose el crédito hipotecario, alrededor de 500.000 jóvenes podrían salir a buscar vivienda en los próximos años.

Para los desarrolladores, el desafío será responder a una demanda mucho más diversa: hogares más pequeños, trayectorias de vida más largas y necesidades habitacionales que cambian con cada etapa. “Quienes entiendan primero este cambio probablemente liderarán el mercado durante los próximos años”, concluye Falcone.

Para Sakkal, el cambio ya empieza a reflejarse en las decisiones de compra. “Buenos Aires viene envejeciendo de forma sostenida y eso está impulsando una migración desde la casa hacia el departamento. Muchas personas prefieren resignar metros cuadrados para ganar cercanía a servicios, salud y transporte, evitando además el mantenimiento de una vivienda unifamiliar. El comprador todavía no siempre lo expresa, pero lo demuestra con sus decisiones”, afirma.

Casas considera que esta transformación también cambiará la forma en que las personas imaginan su vivienda ideal. “Durante muchos años soñamos con la casa más grande. El próximo desafío será soñar con la casa que mejor nos acompañe: una vivienda que evolucione con nosotros, nos permita mantener la independencia y nos ayude a seguir conectados con las personas que queremos”, concluye.

La vivienda del futuro probablemente no estará definida por una generación, sino por su capacidad para acompañar una sociedad que vivirá más tiempo. Más que construir para una etapa específica de la vida, el desafío será crear hogares capaces de evolucionar junto con quienes los habitan.

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Fuente: Soledad Navarro –

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