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Descubre la Casa de Belgrano R: Un Principado con una Historia Insólita

Descubre la Casa de Belgrano R: Un Principado con una Historia Insólita

La misteriosa casa de Belgrano R que simula un Principado, pero esconde una historia insólita

En el barrio porteño se cuela un edificio con aires “diplomáticos”, carteles enigmáticos, amenazas y parodias que llaman la atención de quienes pasan por allí.

28 de septiembre de 2026
07:19
Manuela Viñales

El “príncipe de Escandinavia” anteriormente fue “embajador de Transilvania” y “cónsul del Ciberespacio”. En la avenida Melián, en pleno Belgrano R, hay una casa que a simple vista puede pasar desapercibida, pero según una placa de bronce, pertenece a un principado. El cartel no llama la atención, ya que está en un barrio donde conviven consulados, residencias diplomáticas y grandes casonas.

Así se ve el “Principado de Escandinavia” en la avenida Melián. Pero, al leerlo con detalle, empiezan las contradicciones: “Principado de Escandinavia”. Aunque algunos naturalizan el edificio y no se hacen preguntas, otros se replantean su legalidad. Escandinavia no es un país, sino que es una región del norte de Europa formada tradicionalmente por Dinamarca, Noruega y Suecia. Tampoco existe, oficialmente, un Estado reconocido con ese nombre.

Al seguir paseando por las inmediaciones, los detalles no dejan de aparecer. Un cartel luminoso advierte: “Por seguridad, sus datos biométricos están siendo registrados por la cámara y, mediante la función de Bluetooth, estamos ingresando a su celular para obtener sus datos personales”. El anuncio continúa con: “Si usted no desea que esto se realice, por favor, mire sin pestañear a la cámara, levante el brazo derecho, mueva la mano hacia un lado y hacia otro y desconecte la función de Bluetooth de su celular”.

Uno de los carteles en la casa advierte sobre levantar las necesidades de los perros. Justo al lado, hay otro cartel que hace más evidente que se trata de una parodia: “Arroje aquí las cenizas de su perro que tanto le gustaba cagar en este jardín”. Y hay otro más, en el buzón, con un mensaje alentador, que dice: “No inserte publicidades, solo cartas de amor, por favor”.

Según Bañares, recibió currículums para trabajar en el principado y cartas con consultas sobre el turismo en Escandinavia. Pero, ¿qué es el supuesto “Principado de Escandinavia”, quién está detrás de él y qué funciona realmente dentro de esta misteriosa casona de Belgrano R?

El responsable, o mejor dicho “la figura diplomática de Escandinavia en la Argentina”, es Pablo Bañares, un médico esteticista y emprendedor de moda, perfumes y café. Su decisión de transformar su casa en una atracción vecinal es recreativa: “Trato de ponerle onda a la vida, empujo el carro un poco más hacia lo escenográfico para colaborar con la alegría de la gente”, declaró con una sonrisa sentado en la terraza de “su territorio escandinavo”.

Bañares no se autoproclamó príncipe desde el principio, sino que ya lleva un importante recorrido diplomático: “Pasé de embajador a cónsul y de cónsul a príncipe”, explicó. Primero compró, en 1995, una vivienda que bautizó como la “Embajada de Transilvania”, en la que vivió 25 años; después se mudó al supuesto “Consulado del Ciberespacio”, en 2020, donde permaneció dos años. Y, antes de trasladarse a su residencia actual, el “Principado de Escandinavia”, al que se mudó en 2025, quiso “imitar a Mick Jagger”. Se alojó durante dos años en el Hotel Alvear, específicamente en la habitación 418, y experimentó lo que es “vivir a room service”.

La “figura diplomática de Escandinavia en la Argentina” es Pablo Bañares, un médico esteticista y emprendedor de moda, perfumes y café. Pero, aunque hacer reír a los transeúntes es gran parte del objetivo de las intervenciones de sus hogares, hay una ventaja adicional: “Empezó por un tema de seguridad”, señaló, ya que al poner un chapón que dice embajada, consulado o principado, se evita que las personas toquen el timbre por cualquier cosa, y a su vez, suponen que hay mucha seguridad y se intimidan.

DE CONSULADO A EMBAJADA, DE EMBAJADA A PRINCIPADO

EMBAJADA DE TRANSILVANIA
La primera vivienda que compró el médico, y en la que se autodenominó “embajador”, está ubicada sobre la calle Mendoza, también en Belgrano R, y la nombró Embajada de Transilvania. Con una reja negra, una garita de seguridad, una bandera de la Unión Europea y carteles en alemán de “Frontera estatal, prohibido pasar” o “Atención: prohibido el paso a los miembros de las misiones extrajeras de enlace”, la propiedad infringía respeto.

“A esa casa le hice varias refacciones a lo largo de los 30 años que viví ahí”, señaló el médico, sobre la casa en la que vivió con su exmujer y su hijo. Entre ellos, un segundo piso y una cúpula, la última que se construyó en Buenos Aires, según afirmó. “Tuve que llamar a los cupuleros que arreglan las de Avenida de Mayo, que hace años que no construían una”, desarrolló y detalló que fue la única del país que se construyó afuera de la casa y se colocó “como una cereza arriba de una tarta” con una grúa.

“Aproveché que Transilvania no es un país, entonces puedo ponerle el nombre de embajada. Es un gris legal”, remarcó. De esta manera, pudo otorgar impronta diplomática al edificio. La zona elegida para representar no es aleatoria, ya que él viajó a Transilvania —una región ubicada en el centro de Rumanía—, visitó los montes Cárpatos, donde se encuentra el castillo de Drácula, que en realidad lleva el nombre de Castillo de Bran, y aprendió la historia de Vlad III el Empalador, personaje histórico en el que se inspiró el escritor irlandés Bram Stoker para crear el famoso vampiro.

“Siempre coqueteé con la historia de Drácula, entonces le puse ese nombre”, recordó, y reconoció que gran parte de la fama que recibió la casa fue porque el vampirismo, que aunque no existe, llama mucho la atención.

CONSULADO DEL CIBERESPACIO
Al divorciarse, Bañares cambió de locación: le dejó la embajada a su exmujer y a su hijo, y adquirió una nueva casa, en el mismo barrio, pero sobre la calle Tronador. Con el cambio, se modificó su puesto: pasó a ser cónsul del ciberespacio. Esta vez, eligió una vivienda blanca, con una enorme reja con alambrado de púas y, como no podía faltar, agregó el chapón con la denominación institucional del edificio.

“Anunciamos por redes que ya se podía tener título de propiedad de gigabits en el ciberespacio”, recordó entre risas el médico, quien se mudó a la vivienda en el 2020 junto a su pareja Josefina Sempé, y agregó: “Una falacia, pero la gente estaba muy interesada en tener su título de propiedad”. El chiste no terminaba ahí, sino que colocaron un cartel donde decía que los que se quisieran comunicar para adquirir el producto debían llamar entre las 8 y las 8.06 a un número que no existía. “Obvio que nunca cobramos; algunos se dieron cuenta de que era humor, otros se lo tomaron literal”.

Otra característica especial que tenía el consulado era una rayuela en la vereda. Pero no podía ser igual que las otras. Medía 17 metros, lo que la consolidó como la más grande de Sudamérica. Y otro detalle más: un cartel que desafiaba a los transeúntes, y decía “No creo que usted pueda finalizar la rayuela”. El letrero logró que los niños, pero sobre todo los adultos que pasaban por ahí, sintieran la necesidad de completar el reto. “Llegaba a cualquier hora y siempre había alguien saltando en la puerta de mi casa”.

SU PRINCIPADO ACTUAL
La fachada de la casa en la que vive Bañares junto a su pareja Josefina Sempé es un reflejo de su personalidad. Al abrir la puerta de su hogar actual (en realidad, de su Principado de Escandinavia), las vibras diplomáticas se esfuman, pero no así las excentricidades. “Soy un coleccionista de las mil boludeces”, declaró al mostrar su cocina, en donde están exhibidas tazas con los casamientos de todos los miembros de la monarquía inglesa. En el cajón guarda repasadores de sus viajes por todo el mundo, que mantiene como reliquia, pero que, según remarcó, utiliza todos.

“Quiero entrar en el mundial de artes marciales que se hace

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