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Gladsaxe, una ciudad danesa situada cerca de Copenhague, ha implementado una medida insólita: iluminar sus calles con luces rojas para proteger a los murciélagos. Esta decisión, aunque innovadora, ha generado complicaciones en la visibilidad tanto para peatones como para conductores.
La ciudad ha transformado el paisaje nocturno de la avenida Frederiksborgvej al reemplazar las tradicionales farolas de luz blanca por luminarias de color rojo. Esta iniciativa, que ha sido reportada por medios internacionales como BFMTV, busca eliminar las barreras lumínicas que las ondas cortas (luz blanca) representan para las colonias de murciélagos locales.
El objetivo de esta medida es facilitar el tránsito y la caza de estos mamíferos voladores en las áreas arboladas adyacentes a la carretera, integrando la infraestructura urbana con la preservación de la fauna silvestre. Al utilizar una longitud de onda más larga, se pretende minimizar la intrusión en el sistema visual de los murciélagos, que se ven afectados por la luz blanca convencional, la cual fragmenta sus hábitats y dificulta sus desplazamientos naturales.
Sin embargo, esta decisión no es única. Gladsaxe se suma a una tendencia europea que comenzó en 2018 en la ciudad neerlandesa de Zuidhoek-Nieuwkoop, seguida por el Reino Unido en 2019, donde se instalaron 60 metros de iluminación roja en la carretera A4440 junto a la reserva natural de Warndon Woodlands.
A pesar de los beneficios ecológicos, la adopción de este tipo de iluminación ha suscitado preocupaciones sobre la seguridad vial. La luz roja disminuye la efectividad de la visión humana, lo que afecta la percepción de profundidad y la capacidad para discernir contrastes en la calzada. Conductores y peatones en Gladsaxe han reportado dificultades para calcular distancias y una disminución en la agudeza visual, lo que puede ralentizar la capacidad de reacción ante obstáculos imprevistos.
En este contexto, se plantea un dilema: la protección de la fauna silvestre frente a la seguridad de los usuarios de la vía pública. La decisión de Gladsaxe pone en evidencia la necesidad de encontrar un equilibrio entre el desarrollo urbano y la conservación del medio ambiente.
Para más detalles sobre esta insólita decisión, podés ver nota original.