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Descubre la fascinante historia de la casa donde asesinaron a un caudillo y la primera en tener agua corriente

Descubre la fascinante historia de la casa donde asesinaron a un caudillo y la primera en tener agua corriente

La historia detrás de una casa con historia: asesinaron a un caudillo y fue la primera en tener agua corriente

Sede de importantes hechos históricos y de un asesinato legendario, la casa también contó con un adelanto tecnológico pionero para la época.

La primera casa del país que tuvo agua corriente se encuentra en la provincia de Entre Ríos. El Palacio San José fue la residencia del general Justo José de Urquiza y su familia durante los últimos 20 años de su vida. Además de haber sido la vivienda del conocido caudillo y gobernador entrerriano, se trata de la primera casa del país que contó con agua corriente.

En el año 1856, se estaba llevando adelante la segunda de las tres etapas de construcción de la casa. Entre los cambios y ampliaciones que se realizaron a cargo de Paul Doutre, se llevaron a cabo los primeros trabajos para instalar agua corriente en la residencia. Las cañerías que se colocaron llevaban agua a la cocina, la sala de baños ubicada en el Patio de Honor y otra habitación de la casa. “Esta circunstancia denota la presencia de adelantos tecnológicos en la residencia que no eran comunes en esa época”, asegura el Dr. Luis Ángel Cerrudo en su libro *El Palacio San José, casa del general Urquiza*.

Cerrudo, quien fue director del Palacio y decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y de la Educación de la Universidad de Concepción del Uruguay, aclara que la obra incorporaba otros recursos para garantizar la provisión de agua, tales como diversos aljibes, sistemas de recolección de agua de lluvia en los patios, cañerías, bombas y malacates.

La casa comenzó a construirse en el medio del monte entrerriano en 1848 por los arquitectos italianos Jacinto Dellepiane y Pietro Fosatti. El Palacio San José fue la residencia de Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos y primer presidente Constitucional Argentino.

Según datos de Agua y Saneamientos Argentinos (AYSA), recién 13 años después, el 4 de abril de 1869, se habilitó el primer sistema de agua corriente del continente americano en Buenos Aires. Se trataba de un sistema primitivo que se iniciaba en el bajo de Recoleta y consistía en dos caños que se internaban 600 metros en el Río de La Plata, transportando el agua que luego era purificada y distribuida a través de máquinas de impulsión. “Con esta incorporación, Buenos Aires se convierte en la primera ciudad de América con instalaciones de filtros de purificación”, agregan desde AYSA.

Este gran emprendimiento nace como consecuencia de la epidemia de cólera que asoló el país. En 1685, Buenos Aires sufrió la primera epidemia de sarampión. En ese entonces, la ciudad estaba atravesada por arroyos que desembocaban en la barranca del Río de La Plata y carecía de medidas de higienización o saneamiento, lo que generaba focos de infección. A mediados del siglo XIX, tuvo lugar una epidemia de cólera y fiebre amarilla, que mató al 8% de la población porteña en solo seis meses. La epidemia de cólera motivó a encarar el proyecto de saneamiento. Sin embargo, años antes, en la casa del caudillo entrerriano ya se había incorporado este adelanto tecnológico en algunas partes de la vivienda, lo que contribuyó a hacer del lugar una monumental obra arquitectónica.

Una casa llena de historia

La residencia del general Urquiza fue declarada Monumento Histórico Nacional el 30 de agosto de 1935 y un año después se convirtió en museo, conservando gran parte de los objetos y mobiliario de la época. La casa es conocida también por haber sido el lugar donde asesinaron al caudillo, un 11 de abril de 1870, cuando estalló el movimiento revolucionario jordanista, y aún se conserva la mancha de sangre de la víctima en una de sus puertas. Además, fue visitada por importantes personalidades de la Argentina, como Domingo F. Sarmiento y Bartolomé Mitre.

Entre las paredes de esta casa se firmó la primera Constitución Nacional en 1853 y, 141 años después, un 24 de agosto de 1994, fue jurada la Constitución Nacional reformada ese mismo año, por 305 convencionales constituyentes.

La residencia, ubicada en la Ruta Provincial Nro 39, a 30 km de la ciudad de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, se comenzó a construir en el medio del monte entrerriano en 1848 por los arquitectos italianos Jacinto Dellepiane y Pietro Fosatti. Cuenta con 38 habitaciones, siete antiguas dependencias de servicio, dos jardines, 40 hectáreas de parque, dos patios (Patio de Honor y Patio del Parral), un lago artificial y una capilla con una cúpula decorada por el pintor Juan Manuel Blanes.

La casa luce una arquitectura poscolonial, con una construcción que se levantaba en torno a un patio cuadrado, alrededor del cual se conformaban las habitaciones principales, contando con una galería que marcaba la transición entre el adentro y el afuera. Un zaguán marca el ingreso a la casa, con una puerta grande y sólida. Desde lejos se vislumbran las dos torres de la vivienda que se levantan en los extremos.

La residencia cuenta con un lago artificial de 180 por 120 metros y cinco de profundidad. “Un sistema de bombeo extraía el agua de una laguna cercana, a los efectos de mantener el nivel del lago”, agrega Cerrudo.

Durante la tercera etapa de construcción que atravesó la casa, Urquiza encargó una nueva cocina, realizada en 1864 por el herrero Tomás Benvenuto, quien también construyó el parral en hierro de uno de los patios. La cocina cuenta con tres hornos y cuatro hornallas, con tapas que regulaban la entrada de aire, permitiendo graduar la temperatura necesaria para cada tipo de cocción. “De forma octogonal, construida en hierro con aplicaciones de bronce, su ubicación central facilita el aprovechamiento integral del espacio”, sostiene Cerrudo.

Entre las esculturas que sobresalen en la casa, hay una pila de mármol de Carrara para agua bendita. En la Basílica de San Pedro del Vaticano existe una igual, con 2,7 metros y coronada con una escultura que representa el bautismo de Jesús por San Juan Bautista. Fue hecha en Italia y llegó a la residencia entrerriana en 1857.

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Por María Josefina Lanzi – Ver nota original

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