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Lo que otros tiraban a la basura, ellos lo transformaban en paredes, pisos y techos. Su proyecto terminó ofreciendo algo más valioso que una casa barata.
En 1998, Dan y Marsha Phillips fundaron The Phoenix Commotion en Huntsville, Texas, con una propuesta poco convencional: construir viviendas asequibles utilizando materiales recuperados de vertederos, obras y depósitos de residuos. Entre sus creaciones aparecieron techos con matrículas de automóviles, encimeras con huesos de animales y pisos elaborados con corchos de vino.
La pareja quería demostrar que muchos materiales descartados podían tener una segunda vida. Dan Phillips, quien había desarrollado habilidades de construcción por su cuenta, comenzó a diseñar viviendas con elementos que no encajaban en la estética tradicional del mercado inmobiliario, pero que podían reducir costos y ofrecer soluciones habitacionales.
El proyecto ganó reconocimiento por su combinación de reciclaje, creatividad y trabajo comunitario. Según el perfil de Phillips publicado por TED, la empresa estaba orientada a familias de bajos ingresos, madres solteras y artistas. Aunque Dan falleció en diciembre de 2021, su legado continuó ligado a la construcción con materiales recuperados.
La principal característica de The Phoenix Commotion era el aprovechamiento de materiales que otros consideraban basura. En una de sus viviendas, Phillips utilizó placas de automóviles como revestimiento de techo. En otras incorporó corchos de vino, tapas de botellas, fragmentos de cerámica, espejos rotos, madera descartada y piezas de mobiliario.
Una de sus construcciones más conocidas fue la llamada Bone House, donde usó huesos procedentes de establecimientos ganaderos para crear superficies decorativas. En una entrevista filmada por Kirsten Dirksen para Faircompanies, Phillips estimó que entre el 75% y el 85% de los materiales de su propia vivienda eran recuperados. El constructor sostenía que los materiales alternativos podían cumplir los códigos de edificación siempre que respetaran las condiciones de seguridad y salud pública.
Su idea era que la estética de una vivienda no tenía por qué depender de comprar piezas nuevas, idénticas y sin imperfecciones.
El proyecto también buscaba reducir barreras de acceso a la vivienda. The Phoenix Commotion incorporó personas sin experiencia profesional en construcción para que aprendieran distintos oficios durante el trabajo. Los participantes recibían formación práctica en carpintería, electricidad, plomería y otras tareas.
Además, los futuros propietarios debían colaborar en la construcción de sus casas. Este sistema permitía reducir costos de mano de obra y crear un vínculo entre las familias y sus viviendas.
Según un artículo publicado por Utne, Dan y Marsha hipotecaron su propia casa para financiar el comienzo de la empresa. Su primer proyecto fue una vivienda de estilo victoriano cuya construcción comenzó en 1998 y se extendió durante 18 meses.
En los años siguientes, desarrollaron distintas casas en Huntsville. Cada una tenía una estética particular, determinada por los materiales disponibles y las necesidades de sus futuros habitantes.
El impacto del proyecto fue más amplio que la reutilización de residuos. Phillips defendía que una vivienda asequible no tenía por qué ser uniforme ni carecer de personalidad.
En 2026, el Rotary Club de Huntsville todavía mencionaba a The Phoenix Commotion como una organización dedicada a construir casas recicladas.
La historia deja una idea poco habitual dentro del mercado inmobiliario: para levantar una vivienda no siempre hace falta comenzar con materiales nuevos. A veces, el primer paso consiste en mirar de otra forma lo que otros decidieron tirar.
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