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Transforma una tienda de comestibles abandonada en la casa de sus sueños por 25.000 dólares y descubre tesoros ocultos

Transforma una tienda de comestibles abandonada en la casa de sus sueños por 25.000 dólares y descubre tesoros ocultos
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Compró por 25.000 dólares una antigua tienda de comestibles abandonada y la restaura para convertirla en la casa de sus sueños: “Me siento una arqueóloga descubriendo cosas”

Emma Shaye, de 32 años, adquirió la propiedad tras la muerte de su madre. Su proyecto reúne a más de 320.000 seguidores en YouTube.

Un nuevo comienzo después de una pérdida personal

La decisión de comprar la propiedad llegó tras uno de los momentos más difíciles de su vida. Hasta 2023, Shaye recorría Estados Unidos viviendo en una furgoneta que ella misma había acondicionado. Sin embargo, ese año su madre fue diagnosticada con atrofia multisistémica (AMS), una enfermedad neurodegenerativa poco frecuente.

Emma Shaye frente a la antigua tienda de 120 años en el condado de Southampton, Virginia. La joven dejó de viajar y se instaló en Florida para cuidarla hasta su fallecimiento. Después buscó comenzar una nueva etapa más cerca de su familia y se mudó a Virginia.

“Siempre he soñado con tener una casa en el bosque con un huerto, tal vez algunas gallinas y algunos animales de granja. Parte de la idea de vivir en el campo era simplemente sentirme más cerca de mi madre”, explicó.

Shaye asegura que el proyecto también refleja la influencia de sus padres. Su padre trabajó como contratista y desde pequeña la familiarizó con herramientas y trabajos de construcción. Su madre, en cambio, disfrutaba viendo restauraciones de castillos europeos y solía enviarle proyectos de renovación que despertaban su imaginación.

Un edificio con más de un siglo de historia

La construcción fue levantada alrededor de 1907, cuando la localidad era un activo pueblo ferroviario. Originalmente funcionó como tienda de comestibles y farmacia. Entre las décadas de 1930 y 1940 también albergó la oficina de correos del pueblo, convirtiéndose en uno de los principales puntos de encuentro de los vecinos.

Los recuerdos de esa época siguen vivos entre los habitantes de mayor edad. “Muchos de los que crecieron aquí me cuentan que después de la escuela bajaban del autobús, entraban en la tienda y compraban caramelos y refrescos. Es muy bonito que tengan esos recuerdos y que puedan compartirlos conmigo”, contó Shaye.

Tras el cierre de la oficina postal, el edificio funcionó brevemente como taller de carpintería antes de quedar abandonado durante décadas. A pesar de su deterioro, la compradora vio potencial en los techos originales de hojalata, los muros de ladrillo y numerosos detalles arquitectónicos que decidió conservar durante la restauración.

Los obstáculos de una restauración mucho más compleja de lo esperado

Los primeros seis meses estuvieron dedicados exclusivamente a retirar basura y objetos acumulados durante años. Entre los hallazgos aparecieron antiguos recibos comerciales, botellas de vidrio grabadas y estanterías originales. “Me sentía como una arqueóloga, revisándolo todo y descubriendo cosas”, recordó. Pero el verdadero desafío llegó después.

Emma refleja en las redes toda la restauración de la propiedad. Aunque la propiedad figura como residencial, nunca había sido utilizada como vivienda. Eso obligó a adaptar todo el proyecto para cumplir con las normas actuales de construcción.

Según Shaye, el proceso de permisos se convirtió en el obstáculo más difícil. “Ha sido, con diferencia, lo más complicado e inesperado. Llevo casi dos años y todavía no tengo el permiso”, explicó.

Uno de los mayores inconvenientes surgió con el sistema séptico. Como el terreno no superó la prueba de filtración exigida por las autoridades, tuvo que contratar a un ingeniero para diseñar una instalación especial, con un costo de 3.000 dólares. Hasta el momento también invirtió 6.000 dólares en un nuevo techo, 9.000 dólares para limpiar el terreno y retirar árboles y maleza, y 3.500 dólares para reconstruir parte de los muros estructurales.

Ante los elevados costos, incluso analiza modificar su idea inicial. “Podría instalar una caravana en la propiedad para usarla como baño, ducha y sistema séptico, mientras la casa principal se convierte en mi refugio personal”, señaló.

De una restauración casera a una comunidad de miles de seguidores

Aunque ya publicaba videos sobre su vida viajando en furgoneta, el proyecto cobró una dimensión inesperada cuando mostró por primera vez la propiedad. “Mi cuñada me preguntó si iba a grabarlo. Subí el recorrido y tuvo bastante éxito. Pensé: ‘Voy a subir otro video a ver qué pasa’. Y también funcionó muy bien”, recordó.

Hoy dedica gran parte de su tiempo a combinar las obras con la producción de contenido, una tarea que terminó obligándola a dejar su empleo como gestora de redes sociales. “Al principio trabajaba a tiempo completo y grababa videos al mismo tiempo, pero a los pocos meses me di cuenta de que no era sostenible”, explicó.

Pese al esfuerzo, asegura que el mayor premio ha sido la comunidad que se formó alrededor del proyecto. “El mayor beneficio ha sido crear una comunidad donde la gente es tan solidaria, cálida y amable. También nos hemos unido mucho gracias a mi madre”, afirmó.

Mientras imagina interiores inspirados en la arquitectura gótica, las casas de campo y palacios europeos como Versalles, mantiene intacta la ilusión que la llevó a comprar aquel edificio abandonado. “A menudo me imagino mirando el edificio dentro de diez años y sintiendo una enorme gratitud y un gran orgullo por lo mucho que trabajé y por lo que creé”, concluyó.

Para más detalles sobre esta inspiradora historia, podés ver la nota original.
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