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Buena, bonita y barata: las casas que pueden costar lo mismo que un auto
Las ideas modernistas de entreguerras han evolucionado hacia conceptos contemporáneos como las ‘tiny houses’ y el ‘coliving’. Cada generación recibe su propia versión del sueño de la democratización de la vivienda, y aunque muchas propuestas han surgido, la pregunta persiste: ¿por qué ninguno ha funcionado del todo?
En 1927, el arquitecto e inventor estadounidense Richard Buckminster Fuller presentó una idea casi surrealista: la posibilidad de tener una casa al mismo precio que un auto. Así nació la Dymaxion House, un diseño hexagonal ligero y fabricado en cadena, similar a un automóvil. Fuller creía que la vivienda tradicional era ineficiente y cara, y que la industria automotriz podría facilitar el acceso a un hogar. Sin embargo, de los miles de pedidos, solo se construyeron dos prototipos.
La comparación entre vivienda y automóvil no es casual. Según Pilar Cano-Lasso e Ignacio de la Vega, arquitectos y cofundadores del estudio Delavegacanolasso, esa aspiración está presente en toda industria, incluida la arquitectura. No obstante, el desafío radica en que términos como “buena”, “bonita” y “barata” son altamente subjetivos. La vivienda siempre ha sido vista como un traje a medida, difícil de estandarizar. Casi un siglo después de Fuller, la arquitectura sigue prometiendo soluciones con nombres distintos: tiny houses, microapartamentos y coliving. Cada generación opta por su versión del sueño de una vivienda accesible, sin recordar las lecciones del pasado.
A finales de los años 30, Frank Lloyd Wright desarrolló las Usonian Houses, un modelo de vivienda familiar diseñado para la clase media estadounidense. Empleando materiales locales y espacios abiertos, estas casas prometían accesibilidad, pero a menudo superaban los costos previstos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el arquitecto francés Jean Prouvé innovó en la prefabricación metálica. Su propuesta era un sistema de casas en serie, perfectas para solucionar la crisis habitacional en Francia. A pesar del éxito inicial, la demanda no alcanzó la escala esperada y su fábrica quebró.
En los años 60, en Estados Unidos, Macy’s comercializó casas de vacaciones a precios accesibles, dando un nuevo giro al concepto de hogar. Este modelo, junto con la Futuro House de Matti Suuronen, buscaba abaratar la vivienda, pero la crisis del petróleo limitó su éxito.
Por otro lado, el movimiento metabolista en Japón proponía edificios adaptativos mediante módulos prefabricados. La torre cápsula Nakagin, construida en 1972, fue un intento de ofrecer alojamiento funcional y asequible, pero finalmente se deterioró por falta de mantenimiento.
Erik Harley, investigador urbano, señala que la vivienda no es solo un problema de diseño, sino también de política y economía. Cada nuevo modelo, como el coliving, se presenta como la solución, ignorando problemas estructurales como el precio del suelo y la financiación.
Delavegacanolasso concluye que, si bien la arquitectura puede optimizar la construcción, no puede resolver el problema del costo del suelo ni la escasez de vivienda. Además, la industria financiera necesita adaptarse a las nuevas realidades.
La realidad es que la construcción tradicional puede volverse un lujo. Según Delavegacanolasso, esto es un hecho cada vez más claro. La vivienda es un campo de batalla desde el surgimiento de las ciudades, y su desmercantilización es una propuesta que resuena en el contexto actual.
Finalmente, a casi 100 años de la propuesta de Fuller, queda claro que la arquitectura sabe construir mejor, más rápido y más barato, pero es vital transformar el mercado para hacer posible la vivienda asequible.
