Crisis de Alquileres: El Éxodo de Regreso al Conurbano y sus Consecuencias Económicas y Sociales

Es una tendencia que se incrementó por aumentos que siguen la inflación y salarios que no crecen.Las historias de los que tuvieron que cruzar la General Paz.

Crisis de Alquileres: El Éxodo de Regreso al Conurbano y sus Consecuencias Económicas y Sociales

Alquileres en crisis: el éxodo de los que vuelven de la Ciudad al conurbano y las consecuencias más allá de la diferencia de precios

Durante años, alquilar en la Ciudad fue mucho más que una decisión habitacional: fue una forma de vida. La cercanía, la posibilidad de moverse sin pensar demasiado, la oferta cultural constante y la idea de estar “en el centro de todo” construyeron un imaginario que significaba que vivir en la Capital tenía un valor en sí mismo. Sin embargo, en el último tiempo, ese modelo empezó a mostrar fisuras. De manera silenciosa pero sostenida, cada vez más inquilinos arman las valijas y cruzan, y en general vuelven, hacia el conurbano bonaerense.

Josefina Fernández sale de su casa en Wilde mucho antes de lo que lo hacía cuando vivía en Chacarita. Antes estaba a diez minutos de todo. Ahora, el viaje hasta la Ciudad le lleva una hora y media, dos colectivos y una rutina más rígida. El cambio no fue por elección sino por necesidad. Pagaba $ 780.000 por un monoambiente, más expensas que iban de $ 220.000 a $ 280.000. Hoy vive en un dos ambientes por $ 480.000 y sin expensas. El número cierra más, pero no del todo. “El alivio económico se siente un poco, pero no tanto”, dice. Y enseguida aparece el costo invisible: “Me estresa mucho el viaje”.

La cuenta, para ella, no es lineal. El departamento es más grande, más cómodo, pero la vida cotidiana se volvió más exigente. “Es increíble cómo por un monoambiente podés alquilar algo más grande en el conurbano, pero las contras siempre son el viaje y la distancia”, resume. También cambió otra cosa: los precios del día a día. “La diferencia en los comercios es muy importante”, agrega a Clarín como otro factor que se suma a la ecuación.

Natalia, que hoy vive en Provincia pero sigue trabajando en la Ciudad, lo dice sin vueltas: “Viajar te quita vida”. Durante años hizo el recorrido desde Avellaneda hasta Recoleta para estudiar y trabajar. Ajustó horarios, recortó tiempos y hasta tuvo que cursar menos materias para poder sostener el ritmo. El traslado no solo reorganizó sus días: también redefinió sus posibilidades.

A pesar de la mudanza, el vínculo con la Ciudad sigue intacto. “Extraño. Me encantaría quedarme en Capital, no tener que viajar”, dice. Habla de la oferta cultural, de la posibilidad de moverse con facilidad, de esa lógica donde todo queda cerca. “Siempre hay algo para hacer y con un medio de transporte llegás a cualquier lado”. El balance, en su caso, es claro: “Calidad de vida no gané. Al contrario”.

Martín Gregoris vivía en Flores y hoy está en zona sur, más cerca de su círculo cotidiano. La decisión no estuvo marcada únicamente por el dinero, sino por una combinación de factores personales: “Tener familia, amigos y uno de mis trabajos en zona sur influyó mucho”. En términos económicos, el cambio no fue tan drástico como en otros casos. Pagaba $ 700.000 en la Ciudad y hoy paga lo mismo, pero por un departamento con un ambiente más. Sin embargo, lo que sí cambió fue la dinámica diaria. “Volver desde la Ciudad en hora pico por la tarde es más caótico de lo que creía. Además, me despierto y me acuesto más temprano”, cuenta.

Su rutina laboral también se modificó. Tiene dos trabajos: uno por la mañana en la Ciudad y otro por la tarde en Avellaneda. Antes, el traslado era más simple. Ahora, el día arranca antes y exige más combinaciones. “Tengo que tomar colectivo y subte, cuando antes solo tomaba colectivo”, explica. Aun así, para él el balance es positivo. “Vale la pena, principalmente por la facilidad para juntarse con familia y amigos”, dice.

Martín ya conocía la vida en el conurbano (vivió allí durante 25 años), por lo que no hubo grandes sorpresas, aunque sí algunas diferencias que hoy valora. “Noto que los precios son más baratos que en Capital”, señala. También menciona un punto en contra: “La frecuencia del transporte es menor y corta más temprano, lo que complica hacer planes en la Ciudad hasta tarde”.

Su relación con la Ciudad, sin embargo, no se cortó. Sigue yendo todos los días y mantiene vínculos. Pero hay algo que cambió en su percepción: “En el conurbano el ritmo es distinto, hay menos caos. Es algo a lo que nunca me pude acostumbrar en la Ciudad”. Cuando se le pregunta por la calidad de vida, no duda: “Absolutamente. Llego a casa más temprano después del segundo trabajo. Eso me permite tener más tiempo, incluso para algo tan simple como cocinar y comer mejor”.

EL ÉXODO EN CIFRAS

El fenómeno ya no es una percepción aislada ni una suma de casos individuales. Desde el Colegio Inmobiliario de la Ciudad de Buenos Aires hablan de un cambio estructural en la demanda. “Estamos viendo un traslado sostenido de inquilinos hacia el conurbano”, explica Marta Liotto, presidenta de la entidad y también del Consejo Federal de Colegios Inmobiliarios. La clave, según define, ya no pasa únicamente por el precio: “Mudarse al conurbano hoy también es elegir cómo vivir”.

El punto de partida, sin embargo, es claro y concreto: el costo. En una economía donde los ingresos corren por detrás de la inflación, el parámetro para ajustar los alquileres, sostener un departamento en la Ciudad se volvió, para muchos, directamente imposible. Hoy, un dos ambientes en la Ciudad puede ubicarse entre los $ 580.000 y $ 760.000 mensuales, e incluso entre $ 650.000 y más de $750.000 según relevamientos recientes. En el conurbano, en cambio, propiedades similares se consiguen entre $ 400.000 y $ 600.000, o entre $ 500.000 y $ 650.000 dependiendo de la zona. Esa brecha, que oscila entre un 20% y un 40%, no es menor cuando se traduce en ingresos familiares.

Hay hogares que destinan más del 40% o incluso el 50% de sus ingresos solo al alquiler en la Ciudad, un nivel que vuelve inviable cualquier otro proyecto. Es en ese punto donde la mudanza deja de ser una opción deseada y se convierte en una decisión necesaria, aunque no siempre sencilla.

Pero reducir el fenómeno a una cuestión económica sería simplificarlo. Lo que aparece detrás de ese movimiento es también un cambio en las prioridades. “Durante años se resignaron metros por cercanía. Hoy eso empieza a invertirse”, señala Liotto. Con el mismo presupuesto, muchos inquilinos acceden en el conurbano a viviendas más amplias, con mejor distribución, con patio, terraza o espacios verdes, y en muchos casos sin expensas, un costo que en la Ciudad se volvió cada vez más difícil de afrontar.

La pandemia terminó de acelerar este proceso. El encierro en departamentos pequeños modificó la percepción del hogar y su valor dentro de la vida cotidiana. “La gente se cansó de estar encerrada. Hoy busca espacio, comodidad”, explica Mariano Serodino, de la Inmobiliaria Serodino de Quilmes. Y grafica la diferencia sin rodeos: “Con lo que pagás un dos ambientes en Capital, podés alquilar una casa con fondo, pileta y cochera en lugares como Bernal”. La comparación se vuelve todavía más contundente cuando baja a números: “Un dos ambientes con cochera en Capital te cuesta mil dólares. En Provincia conseguís algo por $ 700.000. Es una diferencia abismal”.

El corrimiento de la demanda no se concentra en un solo punto, sino que se expande por distintos corredores del Área Metropolitana. Zonas del sur como Avellaneda, Quilmes o Lanús muestran un crecimiento sostenido, al igual que sectores del oeste como Morón, Ramos Mejía o Haedo. En el norte, Vicente López, San Martín, Tigre y Escobar también empiezan a captar a quienes buscan combinar accesibilidad con mejores condiciones de vivienda.

El Conurbano, sin embargo, no es homogéneo. “El norte tiene valores más altos, con zonas como Olivos o Vicente López que se acercan a barrios medios de la Ciudad, mientras que el oeste y el sur siguen siendo más accesibles”, explica Liotto. En algunos casos, incluso, todavía se consiguen unidades por debajo de los $ 400.000. Esa diversidad abre un abanico de posibilidades que hace unos años no estaba en el radar de muchos inquilinos.

Para ella, el balance es claro: “Calidad de vida no gané. Al contrario”. Esa percepción convive con otras experiencias donde el cambio sí es valorado. La diferencia, en gran medida, depende del estilo de vida, de las necesidades y de los ingresos de cada hogar. “Si buscás cercanía, moverte sin auto y tener todo a mano, Capital sigue siendo mejor. Pero el costo de vida es el doble”, plantea Serodino.

UN MERCADO QUE SE

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