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El sistema constructivo no solo es amigable con el medio ambiente, sino que reduce considerablemente los tiempos de obra.
21 de septiembre de 2026
15:37
En el mundo actual, dos grandes crisis impactan a prácticamente todos los países: la falta de vivienda y la contaminación ambiental. Sin embargo, ¿qué pasaría si ambas se pudieran resolver con una sola solución? Esa fue la premisa con la que el arquitecto Oscar Andrés Méndez y la ingeniera electrónica Isabel Cristina Gámez idearon un innovador producto para el sector de la construcción.
Los especialistas desarrollaron un sistema que convierte plástico reciclado, como bolsas, envases de comida y botellas de champú, en ladrillos que se encastran como Lego y permiten construir casas en menos de una semana.
La empresa convierte plástico reciclado en ladrillos
De esta manera, su empresa, llamada Conceptos Plásticos, lanzada en 2010 en Bogotá, Colombia, utiliza bloques fabricados con un 95% de plástico para fabricar toda la estructura de la casa. Aproximadamente, una casa típica de dos habitaciones con baño, living, comedor y cocina utiliza unas seis toneladas de plástico y se puede construir en aproximadamente cinco días, a un costo de entre US$4000 y US$7000, mucho más económico que la construcción tradicional.
La empresa colombiana utiliza plástico recolectado de recicladores y residuos industriales para la fabricación de sus ladrillos económicos. Ese material se derrite y se moldea para crear los productos que se utilizarán luego para edificar las casas, que, al igual que las piezas de construcción infantiles, se encastrarán para formar la estructura de la vivienda.
Una vez terminados, cada bloque reciclado pesa alrededor de tres kilos, muy similar a uno tradicional. La particularidad de estos productos es que, además de ser amigables con el medio ambiente, al ser encastrables, permiten que las estructuras se armen de manera mucho más rápida y sencilla que en una obra húmeda, lo que reduce significativamente los tiempos de construcción.
Además, las estructuras, una vez finalizadas, son resistentes a los terremotos, ignífugas, están bien aisladas y no son fáciles de desechar: cada edificio, según contó a National Geographic Méndez, debería durar más de 200 años.
Al ser encastrables, permiten reducir los tiempos de obra considerablemente.
Así quedan los ladrillos una vez construidos con el plástico reciclado. La empresa inició trabajando con compañías privadas y una ONG en Colombia, donde ya construyó más de 50 viviendas y escuelas.
En 2017, Aboubacar Kampo, representante de UNICEF en Costa de Marfil, se contactó con los fundadores para abordar un problema urgente: los residuos plásticos obstruían desagües, generaban agua estancada y favorecían la propagación de enfermedades como la malaria. Las escuelas rurales, construidas con adobe, se deterioraban con las lluvias. Al viajar a Abiyán, los emprendedores se encontraron con una realidad crítica: mujeres que recolectaban plástico en basurales por salarios muy bajos.
Además de construir casas, la empresa promueve un modelo de economía circular.
Es importante aclarar que el proyecto no solo reduce residuos y mejora el acceso a la educación, sino que también genera empleo y promueve un modelo de economía circular que transforma un problema ambiental en una solución.
Para más información, podés consultar la nota original en LA NACION.